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Wednesday, November 21, 2007

 

Hoy "me han dado el mitin" los ucranianos.

... Les di el pésame por sus mineros muertos; y... posiblemente fue parecido a mentar la soga en casa del ahorcado. Ellos sabrán por qué, pero yo puedo imaginar. El hombre permaneció casi mudo, pero la esposa empezó a decir que no hay derecho a eso. (Ya en aquel momento lamenté haber hablado); que 400 € al mes por jugarse la vida cada día es una miseria. (Un tanto airada). Pensé al momento en que la minería pudo ser una alternativa que consideraron antes de emigrar... (él es alto y fuerte, y hace 6 años todavía bien joven), y que tal vez el marido haya lamentado no haber escogido. Porque ella siguió conmigo, como si yo fuera un defensor de ese oficio: "Y ahora esas familias, ¿qué!. Porque allí no es como acá; lo que les espera es el hambre".

Procuré poner un poco de bálsamo imaginando que en esas poblaciones la gente es muy solidaria, (a lo que yo aludía sí es ser solidarios, no a dar un € a una ONG). Y desvié suavemente la conversación contándoles lo que me han dicho que pasaba en la Islandia tradicional de los bacaladeros, cada vez que dos o tres desaparecían en un barquichuelo y dejaban viudas y niños. Los niños pasaban "adjudicados" a las más próximas de otras familias. Solucionaban el problema lo mejor que podían, sin acudir a supuestos "servicios sociales" para que se ocuparan del asunto.
Es muy lógico que gentes que hace 100 años afrontaban así sus problemas, sean hoy sociedades muy desarrolladas.Y estoy diciendo sociedades, sociedades humanas; no estados de "bienestar".

Cuando pienso en tantos de aquéllos, o veo las barquitas de cinco metros zarpar mar adentro al oscurecer, (y eso que yo sólo las he visto en tranquilos atardeceres veraniegos), o cuando veo en la tele el montacargas de la mina cerrando la compuerta y comenzando su descenso por el agujero abajo, recuerdo muchas veces aquel título que Sorolla dio a una de sus famosas "marinas":
" y luego dicen que el pescado es caro..." (o el carbón o el hierro)

Y luego dicen los agricultores que su vida es dura... ¡¡Que sabrán ellos de durezas!!.
¡Qué sabran del dilema de tantos olaffsures y gurmundssones que día tras día arrancaron mar adentro; un mar gris-oscuro de olas heladas, y cerrado ahí mismo bajo el oscuro horizonte, con una humedad fría que se mete en los huesos. Para buscar unos pescaditos y volverse pronto a la ladera donde, bajo la nieve, su pequeña camada quedaba esperando. Con sólo una pequeñita chimenea humenate saliendo de la tierra... Por delante la amenaza de morir helados en el agua y por detrás el hambre al acecho. Como alimañas. Con alma, para más sufrir; pero no menos que las alimañas esclavos de su destino.

¿Será por eso que desde hace mucho tiempo siempre como en Portugal bacalhao dourado?.

Y afortunadamente me queda Andrew, con su 25 % de ADN islandés, para homenajear a todos aquellos que antes que yo fueron sus abuelos...

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