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Monday, September 17, 2007

 

San-ji

Los japoneses son gente muy particular, rayando en lo raro. Hay que aceptarlos como son, aprender de ellos lo bueno y aceptar lo malo – como con cualquier otra cultura, de hecho--. Aunque vivo en Inglaterra, ahora trabajo para una empresa japonesa, y algo de su mentalidad nos llega hasta esta oficina tan lejos de la sede central. Principalmente, sus directrices generales, que se resumen en el “san-ji” o los tres tipos de relación con uno mismo: automotivación, autogestión y autoconocimiento.

Parece mucha palabrería, pero no van muy desencaminados. La falta de una relación honesta y amistosa con uno mismo provoca muchos problemas más tarde cuando llega la hora de incorporarse a la sociedad. Un mentiroso, por ejemplo, puede estar engañándote, pero él mismo sabrá que lo que dice no es cierto. La gente que se miente a sí misma, en cambio, ni siquiera están en condiciones de saber qué es la verdad, lo cual es más peligroso e intranquilizador.

La automotivación y la autogestión vienen derivadas de una buena relación consigo mismo. Una vez que te has mirado bien a fondo, estás en mejores condiciones de saber hacia dónde quieres encaminarte, y las razones que te impulsan a ello. Habiendo establecido la meta, es seguro que estarás motivado. Ojo, hablamos de metas propias, no de las impuestas desde el exterior. Tantas veces nos dejamos llevar por nuestra imprecisa percepción de lo que nuestros amigos, padres o parejas esperan de nosotros…

De la misma manera, sabiendo quién eres y a dónde quieres ir, queda la cuestión de saber racionar los esfuerzos. Como un corredor de fondo, no puedes gastar todas tus energías en los primeros cien metros y luego abandonarte porque no te quedan fuerzas. Parte del autoconocimiento consiste también en saber cuáles son tus prioridades. Y aceptar que, a veces, las prioridades son excluyentes y tienes que elegir entre ellas. Si decides que quieres dormir 8 horas al día, ir al gimnasio y ver a las amigas, es muy difícil que además consigas cuidar tú misma a tus tres hijos y al mismo tiempo trabajes como una loca para conseguir un ascenso. Estoy convencida de que muchas frustraciones de la vida moderna vienen de una falta de sinceridad con uno mismo a la hora de repartir nuestras (limitadas) energías. Vale que en las películas vemos gente que consigue brillar en todo, pero, honestamente, ¿cuántos de nosotros somos superhéroes?

Recuerdo que en algún sermón nos explicaron que en el mandamiento-resumen de “amarás al prójimo como a ti mismo”, una parte importante era lo de amarse a sí mismo. Me pareció una proposición muy tonta en aquel entonces, pero ahora que tengo más años a mis espaldas y he tratado con más gente, veo que es algo muy necesario. No puedes echarte al mundo sin conocerte a ti mismo, y luego aceptarte. Y no son cosas sencillas, no, que requieren mucho esfuerzo, humildad y valentía.

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