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Saturday, July 14, 2007

 

Tutear o no tutear, he ahí la cuestión

Hasta hace no tanto, conmigo no había duda. Se me tuteaba, porque era joven. Luego empezó a haber niños que me llamaban de usted. Como esa costumbre se está pasando de moda, y además paso cada vez menos tiempo en España, ahora ya resulta muy rara la ocasión en que se dirigen a mí con esa forma de trato.

En holandés existe la misma diferencia. Se puede tratar a una persona de “jij”, tuteándola, o de “U”, para marcar respeto. Y el “U” se utiliza mucho. En todas las relaciones comerciales, cuando hay que dirigirse a un desconocido... Sólo si hablas con compañeros, amigos, o con alguien marcadamente joven se permite el tuteo.

Ahora me encuentro en Inglaterra, donde no existe esta distinción. En cierto modo es agradable, facilita las cosas. No se producen situaciones dudosas en las que no sabes qué usar. Ni te sientes violenta porque alguien insiste en que uses uno u otro modo, cuando a ti ese modo no te sale natural. El omnipresente “you” allana y todo acaba siendo muy democrático.

Pero echo en falta el poder usar un respetuoso “usted”. Que se aplique por edad, indiscriminadamente, no me parece ideal. Se puede ser anciano y no respetable. Sin embargo, hay personas que, desde muy jóvenes, sí merecen esa pequeña ceremonia. Sin mayores aspavientos y sin esfuerzo, se puede dejar ver que valoras a esa persona.

Me parece algo muy importante, sobre todo en un mundo en el que, con frecuencia, ni los salarios, ni el puesto ni los honores públicos acompañan fielmente el verdadero valor personal. Y ya que no está en nuestra mano cambiar esas circunstancias, me parece que al menos se debe rendir un mínimo pero diario homenaje a quienes respetas.

Es algo difícil de definir, este respeto del que hablo. No es admiración, aunque puede acompañarla. Desde luego, está muy lejos de la envidia. Y, bien entendido, no tiene que ver con aspectos sociales como el dinero o el poder (aunque en la práctica, los ricos y poderosos se sienten más respetados). Se trata más bien de un reconocimiento del valor intrínseco de la persona. Es reconocer la valentía, o la inteligencia, o la integridad, o una mezcla imprecisa de valores morales.

Como todo lo verdaderamente bueno, el valor personal no es tan frencuente como nos gustaría. Por eso, cuando me he encontrado en Inglaterra con personas que estaban haciendo bien su trabajo, más allá de la mediocridad esperable, he echado mucho en falta el poder llamarlas de usted. Usar un plebeyo “you” me parecía rebajarles. Hacer una alabanza abierta habría sido exagerado, mucho más en esta cultura tan comedida. Al final me limito a un gracias sonriente, y me aplico la penitencia de intentar imitarles.

Comments:
Hola Amegon,

si te apetece entretenerte un rato:

http://benevolencia.blogspot.com/2007/07/ms-secretos-inconfesables.html
 
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