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Thursday, April 19, 2007

 

Mister Misino

Maidenhead, 18 de febrero de 2007

Las vueltas que da la vida. Me explico. Allá por junio, abandoné a mi humana. Recuerdo la sensación de tristeza que me abordó cuando la vi alejarse: yo, en mi jaula, junto a una nueva humana; ella, caminando de vuelta hacia nuestro viejo piso, volviendo su mirada hacia mí. Se me encogió el corazón, pensando en lo bien que se había portado conmigo, en la rapidez del cambio, en que no había podido despedirme de ella como yo hubiera querido.

En fin, como buen gato filósofo que soy, no le di muchas más vueltas y me adapté bien a mi vida con mi nueva humana. Ésta era una chica como de la misma edad, argentina. Me hablaba en el mismo idioma, pues, pero me llamaba de usted. La verdad es que he agradecido el respeto, porque quieras que no, ya soy un gato de cierta edad. Me cepillaba, jugaba conmigo, me daba comida riquita… Todo muy bien. Lo único que echaba de menos era la amplitud del piso antiguo, y que me cortaran las uñas. Pero salvo estas dos minudencias, he pasado siete meses muy agradables.

Hete aquí que un buen día, viene un señor que no conocía de nada, me mete en la jaula, y se me llevó! Pasé la noche en un local inhóspito, metido en mi jaula. Sin peligro, caliente, con comida y agua. Pero sin cariño alguno, y sin saber qué sería de mí en manos de estos secuestradores. Al día siguiente, viví la aventura más extraordinaria que le haya acaecido a gato alguno: volé!!! Muy temprano, me llevaron al aeropuerto. Como soy un gato muy responsable, cuido bien de mi salud y de mis papeles, y estaba todo en orden. Pasé los controles sin problemas, y hala, me metieron en un avión. Seguramente otros gatos se habrían muerto del susto, pero un tipo aguerrido como yo está siempre a la altura de las circunstancias, nunca mejor dicho. Me acomodé lo mejor que pude, hice caso omiso a los ruidos varios, y me eché una siestecita, aprovechando que durante todo el vuelo mantuvieron la luz apagada.

Cuando aterrizamos, me vinieron a buscar en una camioneta, especialmente para mí, y me llevaron a un edificio especial en el que reciben a los gatitos que llegan al Reino Unido. Allí me trataron muy bien, fue como ir al veterinario, pero en otro idioma. Me pusieron un papel de periódico nuevo en el suelo de la jaula, me dieron agua fresquita, me miraron bien por arriba y por abajo, y me dijeron que era un gato muy saludable y que podía vivir en Inglaterra. Una chica me llevó hasta la puerta, y aquí es donde me llevé una grandísima sorpresa. Allí, a la salida del edificio, estaba nada más y nada menos que mi antigua humana!!! Obviamente, me fui con ella, en su coche (otra sorpresa, no sabía que mi humana tuviera coche).

No sé si es que vino en mi mismo avión y no nos vimos, o de qué otra manera pudo llegar ella aquí. El caso es que ella ya sabía dónde encontrar algunas de nuestras cosas en este nuevo país. Fuimos a un piso, y allí estaba mi caja de arena, mi mantita, los libros… todo con el mismo olor de siempre. Estuve toda la tarde explorando bien los rincones del nuevo alojamiento. Los muebles eran distintos, pero aquí y allá había cosas de la antigua casa. Y este piso tenía una gran ventaja: varios alféizares, a los que me podría asomar para tener la calle bien vigilada.

Y aquí sigo. Después de pensar que no volvería a verla, y después de siete meses sin noticias de ella, me he reencontrado con mi humana, y volvemos a vivir juntos y felices, en un nuevo país. Y nunca, nunca más me separaré de ella.

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