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Sunday, January 14, 2007

 

Un país de locos

Ocurrió hace algunos años en un Centro Extremeño de Enseñanzas Post-Obligatorias: Por la decisión irresponsable de un psiquiatra funcionario, se produjo la esperpéntica situación de que una plaza vacante de profesor (para un alumnado adolescente) llegara a ser ocupada por un hombre cuya mente estaba seriamente enferma.
La Dirección del Centro y el cuadro de profesores se llevaban las manos a la cabeza, pero no hubo nada que hacer, sino tener paciencia, durante meses; me contaron que una de las más profundas convicciones del enfermo era su gran “potencia mental”; y para exhibirla, en las tardes de invierno obligaba a los alumnos a pasar la clase en penumbra, a la espera de que él consiguiera encender la luz de la clase con el sólo poder de su mente. Evidentemente no lo conseguía, pero no por ello su convicción flojeaba, achacando el “momentáneo” fallo de cada tarde a cualquier causa ajena al proceso.
Aquello terminó cuando al cabo de pocos meses, y para tranquilidad de todos los afectados, se originó un episodio aún más descabellado, que dio con el enfermo nuevamente en el hospital y puso definitivo final a lo que nunca debió haber comenzado.

Chocante y desquiciado todo, verdad?.
Pero, reparen un poco: aquella situación, ¿no guarda cierto parecido con la de otro hombre muy actual, detentador de grandes poderes públicos y no menos visionario que el enfermo profesor?. Es famoso por sus infinitas ansias de pazzz; y seguramente el único ser sobre la tierra convencido de sus personalísimos “super-poderes” para lograrla, con independencia de la actitud de la otra parte. (¿O son ambas partes la misma parte?).
Por desgracia, en "su" país no existe nada parecido al impeachment norteamericano,
que permitiría mandarle adonde el caso lo merezca. Tan desprotegido está, --su país digo--, incluso tan disponible para caer en manos del primer charlatán con desparpajo suficiente que se proponga usufructuarlo, que le permitieron alcanzar la presidencia del gobierno sin haber pasado ni el más insignificante testaje, ni siquiera como concejal de alquería o delegado de pedanía. Y peor: nadie parece saber ahora cómo pararle. O, ¡mucho peor aún!: millones de seres, embobados seguidores de su iluminado y vacuo verbo, unos pocos con fe firme, pero muchísimos otros decididamente expectantes, siguen esperanzados ante la posibilidad de que cualquier atardecer "se enciendan las luces" gracias al poder de su mente, y ocurra el prodigio prometido.
Estamos hablando de un país muy particular, desde luego; no se extrañen ustedes. Allí surgen “genios” capaces de crear el famoso motor de agua, la alianza de “civilizaciones” o los burros que vuelan…

“Pasen, pasen y vean, señores… ¡Disfruten de la actuación estelar del inigualable Dr. Trapacero!, que hará para ustedes una exhibición única y decisiva de sus taumatúrgicos poderes; y por fin les traerá la paz. Sólo es cuestión de ansias infinitas… e infinita estupidez.”
…………………

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