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Thursday, December 14, 2006

 

Visita a Isabel II

Maidenhead, 27 de septiembre de 2006

El sábado pasado estuvimos en Windsor. Sí, sí, donde el castillo real, aquél que se quemó en 1992. Resulta que está aquí al lado, a menos de media hora en coche. Llevaba yo ya tiempo con ganas de acercarme, ya que es una de las principales atracciones turísticas de la zona (las otras son Legoland y Ascot; también está Eton, pero no creo que dejen visitarlo).

Nos pusimos con nuestro buen GPS (maravillas de la técnica, qué poco estrés supone ahora conducir a un sitio desconocido), y logramos llegar a un aparcamiento al lado del centro. Aparcar es caro, pero como tengo tarjeta de residente (y Windsor y Maidenhead son parte del mismo municipio), me hacen descuento. Iba armada, además, con mi plano, que aún siendo pequeño y manejable, incluye un buen montón de ciudades y pueblos de alrededor. Nos encaminamos, pues, hacia la calle principal. Una vez en ella, no hay pérdida. No hace falta más que seguir el reguero de gente. Como buena atracción turística, está plagada de restaurantitos. Y como buena calle principal inglesa, está también plagada de tiendas. Aunque la cercanía de la realeza se nota: hay menos proporción de franquicias y un mayor número de tiendas exclusivas. Incluso las franquicias que hay, son de la gama más cara.

La calle principal sube una colina. A medida que avanzas, las casas a los lados son más viejas, y empiezan a surgir a diestro y siniestro callejuelas más oscuras, nada parecidas a las anchas calles peatonales que cubren hoy en día los centros ingleses. En lo alto, gobierna el castillo. En realidad, es fácil ver algún torreón desde casi cualquier punto de Windsor. Y me han comentado que incluso desde Slough (una ciudad cercana, con fama de ser de las más feas del país) se pueden ver algunas torres. Pero hasta que no te acercas, no te das cuenta de que el castillo está completamente integrado en la ciudad. Se puede decir que la impresión es la que da Alburquerque, sólo que en grande y más moderno – y que la reina vive allí mismo.

El castillo se puede visitar, pagando una entrada (a los residentes nos hacen descuento aquí también). Pero la excursión estaba planeada para una sola mañana, así es que el interior del castillo habrá que verlo otro día. Caminando a lo largo de una de las murallas, llegamos a un gran parque. Tan grande, que literalmente se perdía en la lejanía. En uno de los extremos hay una gran verja de entrada al castillo, imagino que en tiempos ésta debía de ser la entrada principal para los carruajes. Y seguramente hoy en día también la usen para algún desfile. Imagino también que toda la extensión del parque era antiguamente propiedad de la familia real. Pero que nadie tema por ellos, que no están desposeídos. El parque es muy alargado, y a uno de sus lados, también hasta donde se pierde la vista, continúa una verja que protege el terreno real. Digamos que Isabel sigue teniendo un buen pedacito de tierra.

Una agradable sorpresa del día fue el desfile militar. No llegué a enterarme de a qué se debía, quizás lo hagan todos los sábados para regocijo de los turistas. El caso es que pasó una banda militar, con su música de marcha, seguida por un pelotón de soldados de la guardia real, de ésos que van vestidos de rojo y con un gran gorro negro y peludo en la cabeza. Terminaba el desfile un camión del ejército actual, con soldados vestidos de camuflaje y cara de aburridos. Viendo a la guardia, no pude por menos que pensar en las batallas de la guerra de la independencia en América. No me extraña que los llamaran los chaquetas rojas, y que pudieran hacerles todo tipo de emboscadas. Nunca he visto un uniforme más vistoso y menos apto para la guerra que ése.

Ahora que me sé el camino, tendré que volver de vez en cuando. A fin de cuentas, para eso soy ahora vecina de Isabel.

Comments:
Tengo entendido que el uniforme servía precisamente para hacer conspicuos a los soldados, evitando deserciones. Aquello no era Verdún, todavía. Feliz año.
 
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