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Tuesday, November 28, 2006

 

VIVIR, "COMO SEA"

Dices que el Poder tiene muchos recursos para mantenerse. Y te respondo que en España, los dos únicos grandes recursos que de verdad tiene, son los de ser omnímodo e indiscutido.
Está incondicionalmente arropado por los muchísimos que se suben rápidamente al carro del triunfador. Y que, aunque nada más para que no les digan que van de gorrones, muestran una diligente y muy voluntaria colaboración en cualquier cosa que les toque colaborar; en cualquier cosa, no se trata de ser unos estrechos, sino de hacer “méritos”.
Así pues, aunque el Poder esté siendo atacado desde la más pura Razón, no se defiende activamente; ni lo necesita. Sólo resistencia pasiva. Les basta con quedarse callados cuando les acusan; ellos saben que no peligran, porque tienen un sólido bloque popular que les protege: todos los que comen del pesebre, y son millones y millones. Con el silencio cómplice de éstos ya es suficiente.

Y todo esto no es nada nuevo aquí, no. Creo que leyendo un poco cuidadosamente la historia de "Este País", se puede descubrir que el Pueblo, --que es el que imprime carácter, no unas minorías, buenas o malas--, está formado por individuos a los que el hambre y la miseria se les fueron metiendo tan en la entraña de su ser, por generaciones y generaciones, que yo creo que han venido a quedar incorporadas al ADN. (Aunque eso sea biológicamente discutible, yo lo mantengo). Y así, la gran mayor parte de los españoles nacen ya desesperanzados, incapaces para vivir cualquier ideal. No nos engañemos, el arquetipo español es el pícaro. Llámese "El Pocero" o como en cada momento corresponda llamarle.
Y el pícaro no se permite el “lujo” de tener entrañas ni sentimientos ni ideales, porque aquí las cuatro palabras de "primun vivere, deinde philosophare", han sido resumidas en sólo la segunda: vivere. Eso sí, lo mejor posible; y esto sin restricción alguna, a cualquier precio. Vivir. Es decir, vencer al hambre secular, (presentida aún, ahí mismo detrás de la puerta, al acecho). Y al hambre secular sólo se la puede vencer, --o eso cree el que es "genéticamente pobre" -- con una codicia “secular” e infinita, sin límites morales; porque tampoco el hambre, la miseria y la incultura los tienen. Aquí no se goza jamás la sensación de estar viviendo en sociedad, sino más bien corriendo en medio de una estampida, al grito de sálvese quien pueda. Y, ya lo dijo nuestro prohombre: ¡"como sea"!.

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