.comment-link {margin-left:.6em;}

Saturday, September 09, 2006

 

Calor… humano?

Amsterdam, 16 de mayo de 2006

Cada gato tiene su personalidad, y por tanto, sus manías. A Meckie le gusta lamer el pelo de su humana. Milan responde cuando su humana le habla. Neo solía bufar si se la movía de su sitio. A Mio le gusta el fiambre de pavo. A Misino le gusta, entre otras cosas, dormir sobre mi mano. Le gusta mucho el calorcito, pero no le gusta tener nada por encima, le produce aprensión. Prefiere tener la fuente de calor a un lado o bajo su tripita. Esa fuente de calor suelo ser yo.

A estas alturas, ya me he acostumbrado a quedarme dormida en posiciones extrañas, con un brazo fuera del edredón y la mano abierta, para maximizar la superficie de contacto y que él ronronee feliz. Se lo recomiendo plenamente a cualquier persona que tenga problemas de insomnio. Un motorcito ronroneante al lado, notar cómo el ronroneo va suavizándose a medida que el gato cae en manos de Morfeo, y al poco tú te contagias, sigues su respiración acompasada, y duermes. En mitad de la noche, te despiertas, el gato está ocupado en algún lugar de la casa, con sus correrías nocturnas, y tú tienes un brazo frío por haberlo dejado fuera.

Quien más y quien menos, se verá reflejado en esta experiencia. El niño que llora se queda dormido en brazos de su madre. El perro desobediente se sube a la cama para dormir con su dueño, aunque sepa que la cama le está prohibida. El ver dormir da paz. El bostezo se contagia. Es un fenómeno animal. No, debería más bien decir que es un fenómeno de los mamíferos. Nada se puede comparar al calor que desprende otro ser vivo, de la misma manera que nada se puede compara al calor del sol en un día de primavera. De alguna forma, es como si pudiéramos comunicarnos la alegría de compartir una misma experiencia, la de estar vivos, mediante el contacto por el que notamos el latir del corazón, la respiración…

Que no se me malinterprete. No estoy de acuerdo con las teorías sobre Gaia, la Tierra como un ser vivo, etcétera. No hace falta ser tan místico para poder experimentar la alegría de compartir tiempo y espacio con otro animal. Sin que haya flujos de energía desconocidos, de alguna forma un animal te mira a los ojos – y ya es mucho que mire precisamente a los ojos, ¿sabe acaso que son el espejo del alma? – y se crea un cierto vínculo. Es el momento en que, por ambas partes, se firma un pacto de no agresión. La convivencia hace el resto.

Comments: Post a Comment



<< Home

This page is powered by Blogger. Isn't yours?


My blog is worth $1,129.08.
How much is your blog worth?