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Tuesday, September 26, 2006

 

Casi me salí de misa

Dear sir,

I am writing to you regarding the Mass at 10:45 on 17th September, when time was allowed for a girl to tell us about her work with the missions in Uruguay.

Much as I admire volunteer work and the enthusiasm of youth, I would like to highlight a few points on which I disagree:

- I would very much prefer if the blessing is given before this sort of extra information. It is not part of the Mass, but I was forced to stay listening to it in order to receive the blessing.

- The Mass is not the place to give this sort of information. Many of the points were debatable, but the format of the communication didn’t allow for any response from the listeners. We had to listen and accept the information as truth. Maybe an invitation to meet and talk to this girl during the coffee would have been better.

- Should we be glad that the money is spent on flying people all the way from Uruguay to Cuba? Is there really no closer alternative, in Argentina maybe? I find that very hard to believe. And I can’t help suspecting that Cuba is involved because of the traditional links between the Jesuits and communism - one important reason not to have this speech within the Mass. Catholicism should be beyond politics, it’s bad enough that Jesuits in South America have been involved with it, at least we should not applaud it.

- This idealistic young girl spoke highly of the fact that the people in that mission didn’t have things like a fridge and of their simple way of life. Are we to understand, then, that things like fridges and washing machines are bad? So things that have been created by the human mind for the well being of men, are they bad? Things made by the human mind, which in turn was made by God? Let me tell you, that’s definitely not the way I see things, and I have never found any reference in the Bible that would indicate that progress is bad. This little girl has grown up with too easy a life, I think, and has confused the need to have things (bad) with the fact of having them (which can be good). Just an idea: wouldn’t fridges help in preventing food poisoning, especially on young children? Another idea: if their life is so jolly good, why are we going there to help them??

- She also admired how close all of them were, how they knew each other. Well, let us not be over-optimistic. I´ve grown up in a small village, and yes, knowing your neighbours is great – but it doesn’t rule out society problems, it just replaces them with others. In small communities, the chances of envy and evil gossiping are greater, believe me. Just like on the subject of material things, the point that should have been made was that there are aspects to be learnt from those communities, not that those communities are better in an absolute way. I’d say that getting to know and help your neighbours within Maidenhead would be a good step forward, but that was not mentioned at all…

All this is closely related to another aspect of the parish that I disagree with: Fair Trade. On the parish papers I often read about how much good we can do by buying Fair Trade products, as opposed to the evil rules of the market. Again, I don’t think it’s the parish role to instruct us on politics or economy, but if it has to, I’d very much appreciate it if it read a bit on Hayek first, Ayn Grand then, continuing with the ideas of Johan Norberg, and ending with the implications of the EU internal subsidies on the poverty of the third world – before assuming that the normal trade is bad for anybody.

I don’t want to end this letter without pointing out that, excluding the political ideas, I very much enjoy being in this parish. I’ve never been in such an active community, and I love the sermons.

I hope that you find my feedback useful.

Best regards,

Sunday, September 10, 2006

 

Apellidos

Maidenhead, 8 de julio de 2006

En algún momento de la historia de los pueblos, imagino que cuando la población era lo suficientemente numerosa como para que los nombres se repitieran con frecuencia y dieran lugar a equívocos, surgieron los apellidos. O quizás fuera la fuerza del patriarcado: resultaba importante dar a conocer de quién eras hijo. El caso es que desde Islandia hasta Gana, los apellidos existen y facilitan la administración. En Islandia, por ejemplo, todavía se utiliza el sistema milenario de crear el apellido con el nombre del padre: si tu padre se llama Richard, tú te apellidas Richardson. España es un caso aparte en Europa, pues llevamos los apellidos del padre y la madre, cuando lo habitual en el resto de países es llevar el del padre (ahora algunos países, como Alemania, permiten elegir cuál de los dos apellidos pasa al hijo, el del padre o el de la madre, pero en todo caso, uno solo). En Senegal también tienen dos apellidos, uno es el nombre del padre, y otro es el nombre del abuelo.

En Holanda, vivieron muchos años felices sin necesidad de apellidos. Siendo poblaciones pequeñas, no sintieron necesidad de complicarse la vida. A fin de cuentas, los holandeses son gente muy práctica. Pero llegó Napoleón y los invadió. Y el emperador francés les exigió que tuvieran apellidos. Como esto era una constumbre nueva, los ciudadanos se vieron obligados a elegir e inventarse sus propios apellidos, cada uno el que quisiera. Los holandeses, seguros de sí mismos, no pensaron que la manía de llevar apellidos fuera a durar. Muchos se hicieron a la idea de que sería una moda pasajera, algo que tendrían que sobrellevar mientras Napoleón reinara, pero que se evaporaría en el momento en que echaran al invasor. El resultado de la historia es que, mientras los hubo que eligieron cosas sencillitas (el oficio, o el lugar de origen), otros se lo tomaron a broma, y generaciones más tarde, los infelices descendientes tienen que mantener en su pasaporte la broma del tatatata….. rabuelo.

He aquí una muestra de los mejores:

De Koning: significa El Rey. ¿Para qué andarse con chiquitas?
Van Wijk: Del Barrio. Sencillo y al grano. Es un apellido bastante común, por cierto.
Boer: Granjero. El apellido se ha dado a conocer en España gracias a dos hermanos futbolistas. También es el nombre de una cadena de supermercados holandesas: Super De Boer (Supermercado El Granjero). Por cierto, la guerra de los boers, en Sudáfrica, era justamente eso, la guerra de los granjeros.
Visser: Pescador. Éste apellido también es muy común.
Van Dijk: Del Dique. No se puede ser más holandés.
Van den Broek: Del Pantalón. ¿Qué pensó el que se lo inventó?
De hond: El perro. Hmm… No me gustaría apellidarme así.
Groenhuijsen: Casas verdes.
De Jong: El Joven. Éste funciona muy bien hasta cierta edad.
De Wijs: El Sabio. Y éste debe de quedar estupendo a partir de cierta edad.
Zalm: Salmón. Así se apellida el ministro de Hacienda.
Van Holland: De Holanda. Con orgullo.
Snijder: Cortador.
Zoetebier: Cerveza dulce. Apuesto a que a muchos les gustaría apellidarse así.
Oude Heuvel: Colina vieja.
Zuidhoek: Esquina sur. ¿Esquina de dónde?
Muis: Ratón. Éste debe dar lugar a muchos quebraderos de cabeza a los pobres niños.
Smit: Herrero. Corresponde al famoso apellido inglés Smith.

Y mi favorito, el que me hace quitarme el sombrero ante los holandeses (por lo menos, ante el que se lo inventó) y aplaudir su sentido del humor frente a unas tropas invasoras…


Koudijs: Hielo Frío.

Saturday, September 09, 2006

 

Calor… humano?

Amsterdam, 16 de mayo de 2006

Cada gato tiene su personalidad, y por tanto, sus manías. A Meckie le gusta lamer el pelo de su humana. Milan responde cuando su humana le habla. Neo solía bufar si se la movía de su sitio. A Mio le gusta el fiambre de pavo. A Misino le gusta, entre otras cosas, dormir sobre mi mano. Le gusta mucho el calorcito, pero no le gusta tener nada por encima, le produce aprensión. Prefiere tener la fuente de calor a un lado o bajo su tripita. Esa fuente de calor suelo ser yo.

A estas alturas, ya me he acostumbrado a quedarme dormida en posiciones extrañas, con un brazo fuera del edredón y la mano abierta, para maximizar la superficie de contacto y que él ronronee feliz. Se lo recomiendo plenamente a cualquier persona que tenga problemas de insomnio. Un motorcito ronroneante al lado, notar cómo el ronroneo va suavizándose a medida que el gato cae en manos de Morfeo, y al poco tú te contagias, sigues su respiración acompasada, y duermes. En mitad de la noche, te despiertas, el gato está ocupado en algún lugar de la casa, con sus correrías nocturnas, y tú tienes un brazo frío por haberlo dejado fuera.

Quien más y quien menos, se verá reflejado en esta experiencia. El niño que llora se queda dormido en brazos de su madre. El perro desobediente se sube a la cama para dormir con su dueño, aunque sepa que la cama le está prohibida. El ver dormir da paz. El bostezo se contagia. Es un fenómeno animal. No, debería más bien decir que es un fenómeno de los mamíferos. Nada se puede comparar al calor que desprende otro ser vivo, de la misma manera que nada se puede compara al calor del sol en un día de primavera. De alguna forma, es como si pudiéramos comunicarnos la alegría de compartir una misma experiencia, la de estar vivos, mediante el contacto por el que notamos el latir del corazón, la respiración…

Que no se me malinterprete. No estoy de acuerdo con las teorías sobre Gaia, la Tierra como un ser vivo, etcétera. No hace falta ser tan místico para poder experimentar la alegría de compartir tiempo y espacio con otro animal. Sin que haya flujos de energía desconocidos, de alguna forma un animal te mira a los ojos – y ya es mucho que mire precisamente a los ojos, ¿sabe acaso que son el espejo del alma? – y se crea un cierto vínculo. Es el momento en que, por ambas partes, se firma un pacto de no agresión. La convivencia hace el resto.

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