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Tuesday, January 10, 2006

 

La tele

Ámsterdam, 5 de octubre de 2005

Como ya comenté anteriormente, estoy procurando ver más programas televisivos en holandés. Y dado que las series y películas de habla inglesa se emiten fundamentalmente en las cadenas privadas, en mis zapeos acabo últimamente en una de las tres cadenas públicas del país.

Tengo que decir, para empezar, que, a primera vista, tienen mejor pinta que las españolas, sobre todo comparando con “la primera”. No hay anuncios que interrumpan los programas, no abunda el cotilleo ni los famosillos (novio de la hija del primo del cantante tal), y las presentadoras no son todas rubias, jóvenes, altas y guapas, sino que muchas lucen sus arrugas con toda dignidad.

Quizás lo más interesante sea el papel espiritual que parecen desempeñar estas cadenas estatales. A cuenta de que se ven obligadas a ofrecer espacios de tiempo similares a muchas confesiones distintas, el total emitido con carácter religioso es considerable. Entre musulmanes, judíos, protestantes de diversa índole y católicos, se necesitan bastantes horas de programación para darlos cabida a todos. El resultado es que el televidente se encuentra enfrentado a temas espirituales con más frecuencia que en España.

Se puede argumentar que un judío, por ejemplo, sólo verá los programas sobre el judaísmo, con lo que el efecto suma se desvanece. Pero ayer por la tarde (martes a las 5:30 de la tarde), por ejemplo, había un programa católico. Y en vez de tratar sobre misas o ritos, habían organizado un debate sobre la eutanasia activa en bebés no viables (como seguramente es de todos conocidos, Holanda es de los países más “avanzados” en cuestión de eutanasia – por cierto, si alguna vez tengo aquí un accidente, que me lleven inmediatamente a España, por favor, no vaya a ser que me eutanasien!). Entre los participantes se encontraban diversas opiniones, y todas se debatían con respeto y lógica. Un programa así, alimenta no sólo a los católicos, sino a toda persona interesada en la ética y la moral.

Y esto es lo que yo quería señalar: es importante recordar que existe la moral, que existe el bien y el mal, obras buenas y malas, que no todo puede resolverse con relativismo. En España, no es que lo que se emita sea malo, juzgado como contrario al bien. Es que ni siquiera se establecen distinciones entre el bien y el mal: todo lo emitido se ofrece bajo el mismo rango moral, porque ahora la tolerancia es el valor supremo por encima de cualquier otro.

El sentido moral se alimenta, lo mismo que el cuerpo. El sentido crítico puede adormecerse, si no se usa. Y ya que la televisión desempeña un papel tan importante como medio de comunicación, es loable que las cadenas, al menos las estatales, aporten su granito de arena para mantener despierta esa parte consustancial con el ser humano. Si no, el país en su conjunto puede acabar sufriendo una “avitaminosis” ética grave.

Comments:
Interesante reflexión. Estamos en la postmodernidad, en el todo vale. Los criterios morales han sido sustituidos por el relativismo más extremo. Tengo derecho a decir lo que quiera y mi opinión vale tanto como la tuya, es el dogma que repiten los progres. Lo de nuestra tele no tiene nombre. ¿Para qué valen las televisiones públicas?
 
Perdona, el perdiu, pero la posmodernidad no es un invento «progre». Al contrario, la posmodernidad es la descomposición de la metafísica violenta e ilustrada de los grandes metarrelatos (cristianismo, marxismo, etc…). Los perfectos ídolos posmodernos son Ronald Reagan, Margaret Tatcher, el Papa Juan Pablo, Madonna, Warhol, Schwarzenegger, los concursantes de Gran Hermano: el «fin de la historia» de Francis Fukuyama, un paraíso capitalista donde la mercancia sustituye a Dios.
 
Fascinantes tus comentarios, gilles, pero discrepo respetuosamente. La descomposición de los grandes metarrelatos viene por la crisis en las ideologías progresistas de los sesenta. Reagan no es postmoderno, sí lo son castro y evo morales...En lo que discrepo de modo radical es en fukuyama. Mucha gente cita su libro sin haberlo leído (no digo que sea tu caso). En ningún momento habla de mercancía (jerga marxista) ni dice que se haya acabado la historia. Su reflexión es más interesante. Dice que se han acabado los megarrelatos (marxismo, y toda la morralla hegeliana) que aseguraban que la historia llegaría a un final...
Un saludo
 
Hola perdiu,
estoy de acuerdo en que la posmodernidad surge de esa descomposición, pero de ahí a decir que es «un invento progre»… ¿no?

Yo sí creo que Reagan es posmoderno, en el sentido en que se sitúa fuera de la Historia, al haberse alcanzado el paraíso capitalista. Evidentemente, Castro y Evo Morales no son posmodernos, porque se sitúan en la metafísica: después de la dictadura del proletariado (muerte) llegará el tiempo perfecto (salvación), etc, etc.

No, Fukuyama no habla de mercancía (a pesar de que, curiosamente, invoca a Marx para celebrar su buena nueva): eso es una conclusión personal mía. Lo que hace Fukuyama es proclamar el triunfo del capitalismo; no es que niegue la metafísica, no, es que ya hemos alcanzado la meta, que es la democracia liberal.
 
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