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Monday, January 02, 2006

 

Año nuevo, ¿vida nueva?

Los ingleses tienen la costumbre de hacer una lista de “new year’s resolutions” – lo que pretenden cambiar o hacer mejor en el año que empieza. Normalmente suelen ser cosas del tipo: dejar de fumar, adelgazar siete kilos, ir más al gimnasio... Aunque en principio, se admite de todo, y puede llegar a ser tan serio (conseguir un ascenso) o tan tonto (comprarme un pintalabios rojo chillón) como uno quiera.

A mí, es una costumbre que me resulta bastante molesta. Fundamentalmente porque veo año tras año a la misma gente, haciéndose propuestas una y otra vez, y nunca les he visto que mejoren su vida realmente. Es más, veo que causa mucha insatisfacción, eso de tener que ponerse metas precisamente al cambiar de año, y luego llegar a mediados de marzo, mirar atrás, y sentirse un fracasado porque no has cumplido ni la mitad.

Cuando has tenido una meta, y la alcanzas, ¿tienes que ponerte una nueva meta inmediatamente? ¿No puedes permitirte un tiempo de disfrute, de sentirte orgulloso? Yo creo que, en el cambio de año, una actitud mucho más sana es mirar al año que ha pasado y ver todo lo que has logrado, y luego pensar: A ver si este año va por lo menos igual de bien. Si tu actitud normal es la de superación, no necesitas un 31 de diciembre para ponerte las pilas. Y si tu actitud normal no es ésa, por muchas resoluciones que hagas, lo más probable es que acaben todas en agua de borrajas.

Al empezar el 2005, yo no tenía previsto:
- un ascenso
- llevar mi propia bitácora
- que la gente leyera mi bitácora
- escribir en ajopringue
- prepararme para participar en hispalibertas
- empezar a estudiar japonés

Y estoy segura de que, sin resoluciones, en el 2006 todo irá igualmente bien.

Comments:
Yo creo que somos demasiado exigentes, en muchas ocasiones, con nosotros mismos poniéndonos metas; me da la impresión de que no valoramos lo importante que es el viaje en sí, la vida. Nos pasamos el tiempo buscando metas, sin apreciar los instantes.

Parece que si cumplimos las metas y objetivos que nos proponemos alcanzaremos la felicidad; sin embargo, la felicidad entendida como algo merecido me parece un horror. ¡Qué desastre si una mujer nos ama porque nos lo merecemos! ¡Qué aburrimiento la felicidad como premio o recompensa a un trabajo bien hecho!

Además, no creo que la felicidad exista como meta; la felicidad tiene la paradoja de que aquel que es feliz no puede ser consciente de serlo: sólo se puede ser feliz mirando hacia atrás, nunca hacia adelante. Aunque, ahora que lo pienso, también hay instantes perfectos, no sé si los has sentido alguna vez, en que crees que todo tiene un sentido (eterno). A mí me ha pasado muchas veces con una chica, cuando estás muy a gusto, abrazados, tan abrazados que te gustaría ser ella. O bebiendo mi zumo de naranja (mezclado con pomelo) por las mañanas. O contemplando algo tan hermoso que tas das cuenta que viene de Dios.

Buf, soy un pesado; ya paro.

Un saludo, Amelia.
 
Ayer salía un psicólogo en un telediario, supongo que en el de milá, hablando de esto. Vaya un canto a la nada y al "no-se-preocupe-y-no-se-esfuerce". Estoy de acuerdo contigo.
 
Pues que tengas mucha suerte.
Yo creo que año nuevo, sigue la vida de siempre ...

Y no soy funcionario .......

Feliz año
 
Gilles, te contesto por párrafos:
- Totalmente de acuerdo.
- Nada de acuerdo! Suenas mucho a los personajes de Atlas Shrugged (Ayn Rand). Prefieres que te quieran por caridad? Además, el trabajo bien hecho DA felicidad.
- Yo sí soy feliz conscientemente a veces, sin necesidad de momentos perfectos. Estar a bien consigo mismo es, a mi entender, lo más importante. La paz interna, que dicen los curas. Por cierto, no me digas que crees en Dios?

El Perdíu: gracias :-)

Ignasi: tampoco es eso tan malo. Como en el chiste, a veces hay que decir "Virgencita que me quede como estoy".
 
Te contesto al punto en que no estamos de acuerdo: cuando digo que no entiendo la felicidad como recompensa, me refiero a que creo que la felicidad está más relacionada con la magia que con la justicia. Hay un ensayo precioso de un profesor de Estética italiano, Giorgio Agamben, que se titula precisamente así, «Magia y felicidad». Si tienes ocasión, leélo , te gustará. Ya sabes que Ayn Rand no es santo de mi devoción, demasiado «práctica» para mi gusto. Aunque haya nacido en Rusia, la veo muy anglosajona. Y es curioso que una antiestalinista como ella, no haya caído en la cuenta de lo cerca que esta de Stalin. Además, ha sido recuperada por los nacional-bolcheviques contemporáneos y por toda la tercera vía.

¡No quiero que me quieran por caridad! ¡Quiero que me quieran irracionalmente!

¡Y como no voy a creer en Dios! ¡Lo que me sorprende es que haya ateos!
 
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