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Sunday, September 11, 2005

 

Navidad entre amigos

Amsterdam, Diciembre 2003
Tras considerar todas las opciones posibles, mi humana y yo decidimos que pasaríamos las Navidades separados. A los dos nos gustaría mucho que yo visitara su pueblo alguna vez. Me ha contado muchas cosas sobre el lugar, me habla con frecuencia de lo que yo disfrutaría del sol, y de que allí los gatos son pequeños y esbeltos, como yo (ella insiste en que no parezco un gato holandés, y es cierto que mis compatriotas son grandotes y con tendencia a la obesidad).
El caso es que a mí el viaje me da mucha pereza. Hay que tener en cuenta que no me dejan ir en el avión con el arnés, sino metido en una jaula, y yo en la jaula lo paso muy mal. Por no hablar de la intranquilidad que me producen los lugares nuevos. Sería demasiado estrés. Una vez decidido esto, pasamos revista a las demás posibilidades. Yo desde un principio descarté quedarme en casa de mi amigo Meckie, porque la última vez que me fui con él estuve muy angustiado. Podría haber ido a casa de mi amigo Mio, que además ahora tiene un hermano pequeño. Pero resulta que ambos son muy viajeros (para mí que son unos insensatos), y se van los dos a España por unos días. Con Neo no podía quedarme porque es muy dominante y no querría compartir su piso conmigo. De todas formas no me llevo muy bien con ella. Jugando es una salvaje.
Me habló mi humana de la posibilidad de quedarme en casa de un conejillo de Indias muy simpático. A mí esa idea me parecía excelente. ¡Lo bien que me lo habría pasado yo jugando con él! Pero a su humana le dio preocupación que yo no le tratara bien. Qué tontería, si yo soy muy bueno. No me lo habría comido. Si acaso, un mordisquito sólo.
Al final me he venido a pasar unos días al hotel donde conocí a mi humana. Aquí he hecho otro buen montón de amigos, todos muy majos. Salimos a la terraza, jugamos con los ratoncillos, dormimos sobre buenas mantas… La camarera (otra humana) nos trata bien. Cuando llegué tuvo el detalle de apuntar mis gustos personales en cuestión de comida. Cómo se nota que ahora vengo pagando. Cuando estuve aquí refugiado, no se anduvieron con tantos miramientos.
En fin, desde mi cálido rincón frente al radiador, mando muchos saludos. Misino.

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