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Wednesday, September 14, 2005

 

Mensajes solidarios

Hace unas semanas estuve en una discoteca hasta entonces desconocida para mí. Acudí allí a raíz de un anuncio que había visto sobre unas actuaciones en directo. La cosa parecía interesante, y un poco de culturilla nunca viene mal. El sitio tenía buena pinta, sin humo de tabaco, ambiente animado, gente bailando... La música en sí no era especialmente de mi gusto: demasiado zum-zum-zum-zum sin melodía. Pero considerando que la entrada costaba como la mitad que en otras discotecas de la ciudad, decidí disponerme a disfrutar la velada.

La primera actuación era una mezcla de música étnica con rap y con bacalao. Además del susodicho zum-zum, había un chico tocando unos tambores, otro tocando una flauta, y otro cantando/gritando sin unas cualidades musicales especiales. Cuando ese jaleo acabó, salió una chica a tocar el violín, acompañada siempre del mismo ritmo de fondo. Aquello sí era artístico, y muy original. Una mezcla inesperada que funcionaba bien.

Por fin las actuaciones acabaron y la sala pasó a ser una simple discoteca, pero con mensaje. Al fondo del escenario se proyectaban imágenes para hacerte pensar. Primero hubo una tanda muy interesante: sobreimpresas a unas fotos, se leían palabras antónimas al sentido de la imagen. Por ejemplo: sobre la foto de un bebé se podía leer “vejez”, y luego, sobre la foto de un anciano, se leía “juventud”. Realmente no entiendo qué querían decirme con todo eso, pero desde luego era interesante, y las fotos eran muy bonitas.

Cuando me tocaron las narices fue cuando se dedicaron a los mensajes “solidarios”. Sin que la música parara, y sin que la gente dejara de bailar, las imágenes proyectadas cambiaron. Ahora eran sólo textos escritos en blanco sobre fondo negro. Todos ellos profundos y tristes. Por ejemplo “uno de cada x niños muere de hambre”, “el 90% de las poblaciones del planeta no tienen electricidad”, “cada x segundos muere alguien en una guerra”... En fin, no es necesario seguir, ya os haceis una idea del tono general. Una alegría, vamos. No sé cuál era la intención inicial. Pensando bien, imagino que pretendían concienciar al público. Pero lo que en realidad estaban consiguiendo era trivializar esas ideas, hacerlas ridículas, estériles, manoseadas y sin utilidad. En qué ayuda decir que muchos pueblos no tienen electricidad, mientras tú estás gastando como loco en luces, sonido y la propia proyección de la imagen? Y lo que es peor: en qué ayuda lanzar esos mensajes a ritmo de música disco, y que la gente baile mientras tanto? El cuadro resultaba insultante. No me gusta esa cultura. Seguro que es muy moderna y muy intelectual, pero no me gusta.

Aguanté todo el rato que pude, tragando bilis y procurando convencerme de que en el fondo había buena intención en el esfuerzo. Pero al final no pude más y me largué. Las palabras tienen poder, pero si abusas de ellas, lo que consigues precisamente es desvestirlas de significado. Estos mensajes de mea culpa tan repetidos por todos los medios de comunicación empiezan a sonar a hueco. En aquella discoteca lograron vaciarlos un poco más.

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