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Tuesday, September 13, 2005

 

El mundo es un pañuelo

Existe una teoría muy curiosa que está creciendo en popularidad: es la teoría de los seis grados. Según ésta, cada persona de nuestro planeta está relacionada en una media de seis grados con cualquier otra persona. Y esto no es simplemente una idea loca de algún sociólogo, sino que es la conclusión de varios experimentos. Me explico:

A un determinado grupo de voluntarios se les entregó una carta con el objetivo de que la carta acabara llegando a manos de un individuo concreto (del cual se sabe el nombre y la descripción, pero no la dirección – por ejemplo, John Smith, que es profesor de Química en la Universidad de Oxford). Cada voluntario cogía la carta y se la pasaba a aquella persona de entre sus conocidos que más posibilidades tuviera de estar en contacto con el destinatario final. Esta persona recibía, a su vez, las mismas instrucciones. Así la carta iba viajando hasta llegar a su destino final. Pues bien, como media, la carta pasaba por seis manos. Sólo seis.

Este y otros experimentos han confirmado que, en las búsquedas sociales, un mensaje iniciado por una persona al azar alcanza su destino (por correo normal o electrónico) en una media de cinco a siete pasos, según la separación geográfica inicial. Es más, estos estudios demostraron que las redes sociales no dependen de personas “superconectadas” (digamos, muy populares, o con muchísimos conocidos), sino que cualquiera de nosotros tiene un círculo suficientemente amplio al que acudimos cuando necesitamos buscar información, o un nuevo empleo, o un favor cualquiera. Otra de las conclusiones a las que se han llegado es que los mejores aliados a la hora de utilizar nuestras redes sociales no son los familiares o los amigos más íntimos. Los más próximos en tu propio círculo tienden a compartir contigo un gran número de conocidos, por lo que no resultan tan útiles en términos de flujo de información. Son precisamente aquellas personas a las que con esfuerzo te acuerdas de mandar una postal por Navidad, antiguos compañeros de trabajo, alguien que te presentaron una vez y que luego casi no has vuelto a ver… ésas son las que te pueden ayudar a pasar o encontrar información, pues sus círculos difieren más de los tuyos.

Tras estos experimentos, a alguien se le ocurrió la brillante idea de ponerlo todo en práctica, a través de Internet. Así nacieron los sitios de “networking”, útil palabra inglesa que literalmente viene a decir “hacer redes”. Funcionan como un club, y muchos de ellos son gratis. Te inscriben, e invitas a tus amigos y conocidos a que hagan lo mismo. Éstos a su vez invitarán a sus conocidos, los cuales invitarán a los suyos… y así hasta el infinito. De tal manera que tu red de contactos se agranda. Bueno, realmente no. Tu red de contactos sigue siendo la misma, pero estos sitios web permiten materializar las redes en algo más real, y ponerlas al servicio de los usuarios. Así se han creado clubs sociales dedicados a los más variados intereses, aunque los que más fructifican son los clubs estrictamente profesionales, donde empresarios y empleados se encuentran, proveedores y compradores negocian, o personas del mismo ramo discuten las últimas tecnologías.

Por no quedarme atrás en este mundo que tan rápido cambia, yo también me he inscrito en uno de estos sitios; y he acabado discutiendo sobre temas medioambientales con un señor argentino que vive en la Patagonia, y sobre el papel de la mujer en el gobierno, con una alemana. Además, una empresa de traducción israelí me ofreció sus servicios. Es la aldea global. Ya está aquí. ¿Quién se apunta?

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