.comment-link {margin-left:.6em;}

Friday, September 09, 2005

 

Confesión

Ouderkerk a/d Amstel, 2 de noviembre de 1999
Ha llegado el momento de admitirlo. A pesar de la lluvia, del frío y del idioma, a pesar de las costumbres extrañas, de las bicis y del agua omnipresentes... estoy enamorada de Holanda. Y no ha hecho falta mucho para convencerme, tan sólo un cuarto de hora, que es lo que se tarda desde el pueblo hasta la parada de metro, en bici, por supuesto. Primero hay que atravesar el pueblo. Para ello, subo hasta el río (el agua siempre por encima, retenida en diques) y continúo a lo largo de su ribera. Parece mentira el rumor tan incesante que puede llegar a formar elviento -viento del mar, sin duda- entre los árboles. Hay barquitos amarrados a la orilla, todos recién pintados y listos para el uso. Enfrente, al otro lado de la carretera, veo un canal y el jardín trasero de varias casas.
A la salida del pueblo cruzo el río por un puente de madera,tomo un carril de bicis que va hasta Amstelveen, siempre entre la carretera y otro canal, y empiezo a disfrutar de veras. Aprovecho una ligera cuesta abajo para relajarme un poco y sonreír ante la imagen tan típicamente bucólica que se despliega. Las ovejas pacen en los prados verdísimos. Son grandes y robustas ovejas holandesas, con la cara más ancha que las nuestras, el cuerpo más gordo y la lana más rizada. Y están acostumbradas a la lluvia.
Siempre, en casi todos los canales, hay patos, patos silvestres pero habituados a la presencia de humanos. No se inmutan cuando una bici pasa a menos de un metro. Siguen comiendo tranquilos en las aguas verduzcas, haciendo burbujitas y un ruido muy gracioso mientras filtran el alimento con el pico. Las fochas no suelen estar muy lejos. A veces, con suerte, se ve alguna garza. Y un día, en ese cuarto de hora pacífico, llegué a distinguir una familia completa de cisnes. Por no mencionar la cantidad de grajillas, mirlos y urracas que aparecen por todos lados. Ser ornitólogo en Holanda no debe de tener mucho mérito.
Después de ese paseo, me encuentro de nuevo en la civilización para coger el metro o el tranvía. Es el sistema de llegar al centro de Amsterdam, la capital. El metro es más rápido, pero el tranvía permite seguir enamorándose poco a poco, primero de los bosques, los lagos y los ríos, y luego de las calles estrechas, las calles vivas, animadas, las terrazas, un canal tras otro cercando el núcleo...
Ahora ha llegado el otoño, y al verde intenso de la hierba se añaden mil tonos distintos del rojo al amarillo. Sólo en un clima como éste, donde abundan los árboles de hoja caduca, se entiende plenamente el romanticismo de esta estación. Nunca hasta ahora había considerado el otoño como una estación bonita, salvo en las películas. Pero cuando vuelvo a casa y veo a los niños (rubísimos y tan blancos) jugando con inmensas montañas de hojas secas, me parece haber entrado en un cuadro. Sería todo perfecto si no hiciera tanto viento, si no hubiera tanta humedad y si hablasen en cristiano.

Comments: Post a Comment



<< Home

This page is powered by Blogger. Isn't yours?


My blog is worth $1,129.08.
How much is your blog worth?