.comment-link {margin-left:.6em;}

Saturday, September 17, 2005

 

26 de julio de 1999

Aparte del artesanado y la buena comida, Portugal ofrece, a quien lo quiera conocer, una cultura a la vez cercana y lejana. Los de Valencia de Alcántara sufrimos las desventajas de estar situados en la periferia del reino, pero pocas veces somos conscientes del privilegio que constituye el vivir a caballo entre dos países,ÿ con un pie a cada lado de la raya. El esfuerzo que a otros les supone el profundizar en el conocimiento de Lusitania‚
patente cuando se los ve con su uniforme de turista rural y la guía de turno, a nosotros se nos perdona y somos capaces de mezclarnos entre su gente, de entendernos, comunicarnos, incluso ser cómplices y mirar con una sonrisa a los de la capital, sean del país que sean.
En el fondo, creo que en este cachito de la frontera hemos conseguido olvidarnos de esa línea que apa rece pintada en los mapas. No fue necesario esperar al Acuerdo de Schengen‚ mucho antes, en épocas de penuria o de abundancia, las relaciones entre alentejanos y extremeños ya eran buenas y mutuamente beneficiosas, y en tal medida estrechas, que en algunos puntos la única separación que existe es la ficticia, la que se enseña en la escuela. En La Fontañera, en Galegos‚ en Cedillo, en S. Juliâo o, en un camino cualquiera que suba por la sierra... ¿podemos distinguir a un portugués de un español? Yo no puedo, ni quiero.

Escribo todo esto consciente de que la frontera no se limita a mi tierra. Sin embargo, no conozco ningún otro lugar en el que se llegue a una identificación tan clara entre ambos lados. En la raya pontevedresa, por ejemplo, existen relaciones fronterizas, como es natural, pero esas relaciones se limitan a los fines de semana en los que las familias se desplazan para comprar cuatro toallas y alguna sábana, y quizá ir a la playa si el tiempo lo permite. Por el lado español, ni conocen ni les preocupa lo que puedan pensar sus vecinos, y me imagino que tal desinterés será o acabará siendo recíproco. Por eso me siento doblemente feliz cuando compruebo que aquí, sin la ventaja del idioma gallego, la mayoría sabemos comunicarnos en un portuñol chapurreado, y si sabemos es porque nos interesa. Prueba de ello son los camiones que cruzan todos los días lo que antes era la aduana, y no me refiero a los grandes camiones que vienen de toda España o de más allá de los Pirineos. Me refiero a los camiones que orgullosamente llevan el nombre de algún negocio de Valencia de Alcántara, San Vicente de Alcántara, Castelo de Vide o Marvão.De todos esos empresarios que han comprendido que la expansión no tiene por qué ser nacional para ser local, o que la internacionalización no implica montar una sucursal en Berlín. En este mi pueblo yo he crecido y he vivido imbuida de esta relación de amor-odio que desplegamos ante nuestros vecinos (relación fraternal de cariño y competencia, de ayuda mutua y de lucha sin cuartel), pero nunca llegué a darme cuenta de ello hasta que viajé a otros países. Aprendí mucho de mí misma cuando descubrí que, estando en Francia o en Inglaterra, apenas me emocionaba ver pasar un coche con matrícula de Santander, pero se me encogía el corazón si la matrícula era portuguesa. Más aún aprendí cuando, también en el extranjero, comprobé que en muchas ocasiones mis compatriotas podían ser de cualquier pueblo de Extremadura o del Alentejo.

Comments: Post a Comment



<< Home

This page is powered by Blogger. Isn't yours?


My blog is worth $1,129.08.
How much is your blog worth?