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Friday, September 30, 2005

 

Otra cita interesante

Busqué un puesto propio para mí en la Biblia, y vi que el único que me atrevería a ocupar sería a los pies de Judas el traidor. Pero no lo pude ocupar, porque allí estaba Jesús lavándole los pies.

Wednesday, September 28, 2005

 

Cita de San Pablo

Si lo que busco es agradar a la gente, ya no seré servidor de Cristo.

Tuesday, September 27, 2005

 

Noria en el SAIL

Posted by Picasa

 

Oración al Ángel de la Guarda

Angel santo de la guarda,
compañero de mi vida,
tú que nunca me abandonas,
ni de noche ni de día.
Aunque espíritu invisible,
sé que te hallas a mi lado,
escuchas mis oraciones
y cuentas todos mis pasos.
En las sombras de la noche,
me defiendes del demonio,
tendiendo sobre mi pecho
tus alas de nácar y oro.
Angel de Dios, que yo escuche
tu mensaje y que lo siga,
que vaya siempre contigo
hacia Dios, que me lo envía.
Testigo de lo invisible,
presencia del cielo amiga,
gracias por tu fiel custodia,
gracias por tu compañía.
En presencia de los ángeles,
suba al cielo nuestro canto:
gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo. Amén.

Monday, September 26, 2005

 

Corta plegaria a Elbereth

A Elbereth Gilthoniel o menel palan-diriel, le nallon
O Elbereth Starkindler from firmanent gazing afar, to thee I cry
sí di-nguruthos! A tiro nin, Fanuilos!
here beneath death-horror! O look towards me, Everwhite!

J.R.R. Tolkien
Traducción de Helge Kåre Fauskanger (Ardalambion)

Sunday, September 25, 2005

 

Canto a Elbereth

A Elbereth Gilthoniel,
O Elbereth Star-kindler
silivren penna míriel
(white) glittering slants down sparkling like jewels
o menel aglar elenath!
from [the] firmament [the] glory [of] the star-host!
Na-chaered palan-díriel
To-remote distance far-having gazed
o galadhremmin ennorath,
from [the] tree-tangled middle-lands,
Fanuilos, le linnathon
Fanuilos, to thee I will chant
nef aear, sí nef aearon!
on this side of ocean, here on this side of the Great Ocean!

J.R.R. Tolkien
Traducción al inglés de Helge Kåre Fauskanger (Ardalambion)

Saturday, September 24, 2005

 

Tom Bombadil's Song

Old Tom Bombadil is a merry fellow,
Bright blue his jacket is, and his boots are yellow.
None has ever caught him yet, for Tom, he is the Master:
His songs are stronger sons, and his feet are faster.

Get out, you old Wight! Vanish in the sunlight!
Shrivel like the cold mist, like the winds go wailing,
Out into the barren lands far beyond the mountains!
Come never here again! Leave you barrow empty!
Lost and forgotten be, darker than the darkness,
Where gates stand for ever shut, till the world is mended.

Wake now my merry lads! Wake and hear me calling!
Warm now be heart and limb! The cold stone is fallen;
Dark door is standing wide; dead hand is broken.
Night under Night is flown, and the Gate is open!

Hey! now! Come hoy now! Whither do you wander?
Up, down, near or far, here, there or yonder?
Sharp-ears, Wise-nose, Swish-tail and Bumpkin,
White-socks my little lad, and old Fatty Lumpkin!

Tom's country ends here: he will not pass the borders.
Tom has his house to mind, and Goldberry is waiting!

J.R.R. Tolkien

Friday, September 23, 2005

 

Legolas' song

To the Sea, to the Sea! The white gulls are crying,
The wind is blowing, and the white foam is flying.
West, west away, the round sun is falling.
Grey ship, grey ship, do you hear them calling,
The voices of my people that have gone before me?
I will leave, I will leave the woods that bore me;
For our days are ending and our years failing.
I will pass the wide waters lonely sailing.
Long are the waves on the Last Shore falling,
Sweet are the voices in the Lost Isle calling,
In Eressea, in Elvenhome that no man can discover,
Where the leaves fall not: land of my people forever

J.R.R. Tolkien - Lord of the Rings

Wednesday, September 21, 2005

 

John 15:18-21

“If the world hates you, keep in mind that it hated me first. If you belonged to the world, it would love you as its own. As it is, you do not belong to the world, but I have chosen you out of the world. That is why the world hates you.... Remember the words I spoke to you: ... If they persecuted me, they will persecute you also.... for they do not know the One who sent me."

Tuesday, September 20, 2005

 

Ave María - traducción al Quenya

Átaremma i ëa han ëa · na aire esselya · aranielya na tuluva · na care indómelya cemende tambe Erumande : ámen anta síra ilaurëa massamma · ar ámen apsene úcaremmar sív' emme apsenet tien i úcarer emmen. Álame tulya úsahtienna mal áme etelehta ulcullo : násie :

Aia María quanta Eruanno i Héru as elye · aistana elye imíca nísi · ar aistana i yáve mónalyo Yésus : Aire María Eruo ontaril á hyame rámen úcarindor sí ar lúmesse ya firuvamme : násie :

Traducción de Helge Kåre Fauskanger (Ardalambion - el mejor sitio sobre los idiomas de Tolkien)

Monday, September 19, 2005

 

Otra foto del SAIL


 

Una curiosidad lingüística

Una línea es vasco, la otra es orco:

Gaizki esanak, barkatu, ondo esanak kontutan hartu

Uglúk u bagronk sha pushdug - glob búbhosh skai

Sunday, September 18, 2005

 

Una excursión en guagua

Resulta increíble que algo tan muerto pueda ser tan bello. El Parque Nacional de Timanfaya es una gran extensión de rocas y cenizas. Tan sólo los líquenes y alguna planta solitaria dan un poco de vida al lugar. Vida, que color ya tiene el parque de por sí. Del negro al rojo, pasando por todas las tonalidades imaginables del ocre, las montañas de fuego despliegan una paleta danzante al compás que marcan las nubes.
Aunque de las islas del archipiélago Lanzarote fue la primera en emerger, también fue la última que registró erupciones. La zona de Yaiza era un valle fértil en que se daban bien los cereales. Los habitantes, menos de un millar, vivían repartidos en varios caseríos. El 1 de septiembre de 1730, a las nueve de la noche, surgió en la comarca una gran montaña. Las erupciones se sucederían durante los seis años siguientes. Viendo aquel paisaje desolado es fácil imaginar el terrible poder destructor que se desplegó en aquellos años. Días sin sol, por las nubes de ceniza, los habitantes huidos que regresan y encuentran todo el ganado asfixiado, por las emanaciones de gas, y más tarde ríos de lava, grietas que se abrían en la tierra… Uno de los caseríos destruidos se llamaba Timanfaya, y hoy el parque lleva su nombre.
Aún hoy aquellos volcanes pacíficos en apariencia guardan en sus entrañas un calor abrasador. Excavando tan sólo un metro, ya resulta imposible aguantar en la mano desnuda los guijarros de ahí extraídos.
¿Y por qué cuento todo esto, quién me manda a mí hablar de Lanzarote? La razón se encuentra en un dicho popular lleno de sabiduría: donde fueres, haz lo que vieres. Y ya que no brilla el sol en Holanda, pero los nativos no dejan de ir a buscarlo, decidí seguir su ejemplo e irme a las Canarias de vacaciones cual guiri frisona. Rodeados de ingleses y alemanes, los poquitos españoles que estábamos en el hotel nos reconocíamos por el pelo oscuro y la piel morena en vez de quemada.
Es de agradecer que dispongamos, dentro de nuestro territorio nacional, de un lugar como Lanzarote: un paraíso de paisaje lunar, al alcance de la mano, donde se habla nuestro idioma y para el que no es preciso vacunarse contra enfermedades extrañas.

Saturday, September 17, 2005

 

26 de julio de 1999

Aparte del artesanado y la buena comida, Portugal ofrece, a quien lo quiera conocer, una cultura a la vez cercana y lejana. Los de Valencia de Alcántara sufrimos las desventajas de estar situados en la periferia del reino, pero pocas veces somos conscientes del privilegio que constituye el vivir a caballo entre dos países,ÿ con un pie a cada lado de la raya. El esfuerzo que a otros les supone el profundizar en el conocimiento de Lusitania‚
patente cuando se los ve con su uniforme de turista rural y la guía de turno, a nosotros se nos perdona y somos capaces de mezclarnos entre su gente, de entendernos, comunicarnos, incluso ser cómplices y mirar con una sonrisa a los de la capital, sean del país que sean.
En el fondo, creo que en este cachito de la frontera hemos conseguido olvidarnos de esa línea que apa rece pintada en los mapas. No fue necesario esperar al Acuerdo de Schengen‚ mucho antes, en épocas de penuria o de abundancia, las relaciones entre alentejanos y extremeños ya eran buenas y mutuamente beneficiosas, y en tal medida estrechas, que en algunos puntos la única separación que existe es la ficticia, la que se enseña en la escuela. En La Fontañera, en Galegos‚ en Cedillo, en S. Juliâo o, en un camino cualquiera que suba por la sierra... ¿podemos distinguir a un portugués de un español? Yo no puedo, ni quiero.

Escribo todo esto consciente de que la frontera no se limita a mi tierra. Sin embargo, no conozco ningún otro lugar en el que se llegue a una identificación tan clara entre ambos lados. En la raya pontevedresa, por ejemplo, existen relaciones fronterizas, como es natural, pero esas relaciones se limitan a los fines de semana en los que las familias se desplazan para comprar cuatro toallas y alguna sábana, y quizá ir a la playa si el tiempo lo permite. Por el lado español, ni conocen ni les preocupa lo que puedan pensar sus vecinos, y me imagino que tal desinterés será o acabará siendo recíproco. Por eso me siento doblemente feliz cuando compruebo que aquí, sin la ventaja del idioma gallego, la mayoría sabemos comunicarnos en un portuñol chapurreado, y si sabemos es porque nos interesa. Prueba de ello son los camiones que cruzan todos los días lo que antes era la aduana, y no me refiero a los grandes camiones que vienen de toda España o de más allá de los Pirineos. Me refiero a los camiones que orgullosamente llevan el nombre de algún negocio de Valencia de Alcántara, San Vicente de Alcántara, Castelo de Vide o Marvão.De todos esos empresarios que han comprendido que la expansión no tiene por qué ser nacional para ser local, o que la internacionalización no implica montar una sucursal en Berlín. En este mi pueblo yo he crecido y he vivido imbuida de esta relación de amor-odio que desplegamos ante nuestros vecinos (relación fraternal de cariño y competencia, de ayuda mutua y de lucha sin cuartel), pero nunca llegué a darme cuenta de ello hasta que viajé a otros países. Aprendí mucho de mí misma cuando descubrí que, estando en Francia o en Inglaterra, apenas me emocionaba ver pasar un coche con matrícula de Santander, pero se me encogía el corazón si la matrícula era portuguesa. Más aún aprendí cuando, también en el extranjero, comprobé que en muchas ocasiones mis compatriotas podían ser de cualquier pueblo de Extremadura o del Alentejo.

Friday, September 16, 2005

 

No nos vencerán

Amsterdam, 14 de julio de 2005
Sería muy fácil ponerse a escribir sobre las barbaridades del terrorismo, describir el sufrimiento de las víctimas, lanzar hipótesis sobre las causas y elucubrar sobre las soluciones. Pero el terrorismo es, a fin de cuentas, el establecimiento de un ambiente de terror. Y centrarnos ahora en estos ataques lo único que hace es contribuir a extender ese ambiente.

Así es que yo, como protesta y como lucha, voy a escribir sobre otro tema. Me gustó mucho la película Love Actually. En el prólogo se dice que, a pesar de lo que podría deducirse de los telediarios, el amor sí nos rodea, día a día, a todos.

Alguien lo duda? Que mire los ojos de un niño que disfruta de sus vacaciones con su familia. Que mire a un bebé en brazos de su madre. O al hermano pequeño intentando imitar al mayor. O al hermano mayor, imitando a su padre. A la madre que peina a la hija. A la hija que juega a maquillarse como su madre. Al abuelo que pasea al nieto. A los primos que juegan juntos. A los amigos que se reúnen después de años. A los que lloran juntos, también. El propio dolor que se comparte es prueba del amor.

Cuando alguien se preocupa por dejar un cacharro con agua a la puerta, para los gatos callejeros. Cuando escuchas durante una hora la charla interminable de alguien, a pesar de que preferirías irte a casa a descansar. Cuando llegas con un solo artículo a la caja del supermercado y en la cola alguien te deja pasar. Cuando se sonríe a los niños ajenos, simplemente porque son bonitos. Y cuando se les riñe también, porque se necesita un pueblo entero para educarlos.

Cada alféizar lleno de geranios y cada portal bien aseado. Cada “buenos días” al entrar en la carnicería. Incluso diría que cada cotilleo que se comparte, porque es parte del hilo que une la sociedad. Cada vez que nos acordamos de algún ser querido. Cada vez que visitamos un cementerio. Cada flor que adorna las tumbas. Cada rezo que sube al cielo.

En mi propio mundo, las llamadas de teléfono de familia o amigos, los emails que me mantienen en contacto con tanta gente, los artículos de mis columnistas favoritos, el ronroneo de Misino cuando su pancita está feliz, la paciencia de los holandeses cuando me atasco con su idioma, el apoyo de los compañeros de trabajo, cuando los proyectos son fáciles y cuando vienen atravesados. Incluso pienso que, de alguna forma, el arte que disfruto es una forma de amor: el artista, por definición, comparte con el mundo sus sentimientos.
Todo ello es frágil y nos lo pueden arrebatar con una bomba, sí. Pero al mismo tiempo, es esto lo que nos da fuerzas para distinguir entre el bien y el mal, y para no perder nuestra humanidad. Para aferrarnos a nuestros principios y no dejar que nos los cambien. Que el terror existe, pero no es la norma. Y la gente con tanto odio como para matar no son mayoría.

 

Ay qué gracia

Noticia de El Mundo:
Diputadas de España, Guatemala y México quieren que los feminicidios sean delitos de lesa humanidad
Toma ya! "Feminicidios". Y cuando los muertos sean hombres, cómo se dice? "Machicidio"? Y un "feminicidio" es sólo cuando se ha producido por violencia doméstica, o siempre que la víctima sea mujer? A qué edad un infanticidio deja de serlo para ser feminicidio?

Thursday, September 15, 2005

 

Totalitarismos de andar por casa

Amsterdam, 9 de mayo de 2005
Decía el Nobel de Economía Friedrich Hayek que, en el fondo, el nazismo y el comunismo venían a ser lo mismo, por muy contrarias que fueran las ideas en la superficie. Y por qué? Pues porque, en el fondo, ambos sistemas se basan en la supresión de la libertad individual. En ambos sistemas, unas personas dictaminan lo que otras van a hacer con su vida.

Dictaminar, dictador... dictar. Cuando miro a mi alrededor, veo muchos pequeños dictadores, gente a la que le gusta dictar a los demás. Me refiero a todas aquellas personas que ofrecen gratuitamente su consejo, aunque nadie se lo haya pedido. Más evidente (y recalcitrante) es el caso de aquéllas que se molestan cuando no sigues su consejo (solicitado o no). Una reacción así sólo la comprendo en los miembros más cercanos de mi familia. Puedo asumir que, estando convencidos de que su consejo me reportará un bien, si no lo sigo puede provocar en ellos una reacción sentimental, de la misma manera que si me fuera a acaecer un mal. Sin embargo, no creo que tal reacción por parte de la mayoría de mis congéneres se deba a sentimientos altruistas. En mi quizás demasiado pesimista opinión, cuando alguien se molesta porque no has seguido su consejo, se debe únicamente a la pérdida de poder que esa persona siente a la hora de influir en tu vida.

Para mí es algo sorprendente. Con lo difícil que es tomar decisiones propias, resulta mucho más complicado, por no decir imposible, saber qué le puede convenir a alguien distinto, puesto que jamás podré conocer todas sus circunstancias. Es más, el hecho de que las consecuencias de una decisión no las vaya a pagar yo, sino la otra persona, me supone un freno enorme a la hora de dar mi opinión sobre si fulanito debería hacer esto o lo otro. Sin embargo, la experiencia me dice que para mucha, mucha gente, tal freno no existe. Con sus limitadas cabezas (no porque sean más tontas que yo, simplemente porque todo ser humano tiene una mente muy limitada) consideran estar en condiciones de ser mejores jueces de la vida ajena que los propios interesados. Disfrutan poniendo orden a su alrededor y ampliando su esfera de influencia en la medida de lo posible.

De entre estas personas, las hay que llegan a meterse en la política. Éstas son de temer, puesto que la ausencia de miedo ante las consecuencias que otros van a pagar, aunque sea a muy largo plazo, las hace demasiado valientes a la hora de tomar decisiones. En apariencia pueden dar imagen de líderes, de personas con poder de decisión, revolucionarios... En el fondo, no creo que se alejen mucho de la típica vecina cotilla que se entromete en aconsejarte qué decirle a tu novio/marido/jefe/hijo etc. Lo único que les diferencia es la esfera de influencia.

No quiero acabar este artículo sin hacer un pequeño examen de conciencia. Decía antes que algunas personas se erigen en jueces de la vida ajena. Seamos sinceros. Quién no tiene su propia opinión sobre lo que fulanito o menganito debería hacer con su vida? Yo, desde luego, la tengo. Y muchísimas, demasiadas veces creo que yo, por supuestísimo, tengo razón y la otra persona se equivoca. Pero mientras los resultados de las decisiones ajenas no me vayan a afectar, quién soy yo para ofrecer consejo?

Wednesday, September 14, 2005

 

Mensajes solidarios

Hace unas semanas estuve en una discoteca hasta entonces desconocida para mí. Acudí allí a raíz de un anuncio que había visto sobre unas actuaciones en directo. La cosa parecía interesante, y un poco de culturilla nunca viene mal. El sitio tenía buena pinta, sin humo de tabaco, ambiente animado, gente bailando... La música en sí no era especialmente de mi gusto: demasiado zum-zum-zum-zum sin melodía. Pero considerando que la entrada costaba como la mitad que en otras discotecas de la ciudad, decidí disponerme a disfrutar la velada.

La primera actuación era una mezcla de música étnica con rap y con bacalao. Además del susodicho zum-zum, había un chico tocando unos tambores, otro tocando una flauta, y otro cantando/gritando sin unas cualidades musicales especiales. Cuando ese jaleo acabó, salió una chica a tocar el violín, acompañada siempre del mismo ritmo de fondo. Aquello sí era artístico, y muy original. Una mezcla inesperada que funcionaba bien.

Por fin las actuaciones acabaron y la sala pasó a ser una simple discoteca, pero con mensaje. Al fondo del escenario se proyectaban imágenes para hacerte pensar. Primero hubo una tanda muy interesante: sobreimpresas a unas fotos, se leían palabras antónimas al sentido de la imagen. Por ejemplo: sobre la foto de un bebé se podía leer “vejez”, y luego, sobre la foto de un anciano, se leía “juventud”. Realmente no entiendo qué querían decirme con todo eso, pero desde luego era interesante, y las fotos eran muy bonitas.

Cuando me tocaron las narices fue cuando se dedicaron a los mensajes “solidarios”. Sin que la música parara, y sin que la gente dejara de bailar, las imágenes proyectadas cambiaron. Ahora eran sólo textos escritos en blanco sobre fondo negro. Todos ellos profundos y tristes. Por ejemplo “uno de cada x niños muere de hambre”, “el 90% de las poblaciones del planeta no tienen electricidad”, “cada x segundos muere alguien en una guerra”... En fin, no es necesario seguir, ya os haceis una idea del tono general. Una alegría, vamos. No sé cuál era la intención inicial. Pensando bien, imagino que pretendían concienciar al público. Pero lo que en realidad estaban consiguiendo era trivializar esas ideas, hacerlas ridículas, estériles, manoseadas y sin utilidad. En qué ayuda decir que muchos pueblos no tienen electricidad, mientras tú estás gastando como loco en luces, sonido y la propia proyección de la imagen? Y lo que es peor: en qué ayuda lanzar esos mensajes a ritmo de música disco, y que la gente baile mientras tanto? El cuadro resultaba insultante. No me gusta esa cultura. Seguro que es muy moderna y muy intelectual, pero no me gusta.

Aguanté todo el rato que pude, tragando bilis y procurando convencerme de que en el fondo había buena intención en el esfuerzo. Pero al final no pude más y me largué. Las palabras tienen poder, pero si abusas de ellas, lo que consigues precisamente es desvestirlas de significado. Estos mensajes de mea culpa tan repetidos por todos los medios de comunicación empiezan a sonar a hueco. En aquella discoteca lograron vaciarlos un poco más.

Tuesday, September 13, 2005

 

El mundo es un pañuelo

Existe una teoría muy curiosa que está creciendo en popularidad: es la teoría de los seis grados. Según ésta, cada persona de nuestro planeta está relacionada en una media de seis grados con cualquier otra persona. Y esto no es simplemente una idea loca de algún sociólogo, sino que es la conclusión de varios experimentos. Me explico:

A un determinado grupo de voluntarios se les entregó una carta con el objetivo de que la carta acabara llegando a manos de un individuo concreto (del cual se sabe el nombre y la descripción, pero no la dirección – por ejemplo, John Smith, que es profesor de Química en la Universidad de Oxford). Cada voluntario cogía la carta y se la pasaba a aquella persona de entre sus conocidos que más posibilidades tuviera de estar en contacto con el destinatario final. Esta persona recibía, a su vez, las mismas instrucciones. Así la carta iba viajando hasta llegar a su destino final. Pues bien, como media, la carta pasaba por seis manos. Sólo seis.

Este y otros experimentos han confirmado que, en las búsquedas sociales, un mensaje iniciado por una persona al azar alcanza su destino (por correo normal o electrónico) en una media de cinco a siete pasos, según la separación geográfica inicial. Es más, estos estudios demostraron que las redes sociales no dependen de personas “superconectadas” (digamos, muy populares, o con muchísimos conocidos), sino que cualquiera de nosotros tiene un círculo suficientemente amplio al que acudimos cuando necesitamos buscar información, o un nuevo empleo, o un favor cualquiera. Otra de las conclusiones a las que se han llegado es que los mejores aliados a la hora de utilizar nuestras redes sociales no son los familiares o los amigos más íntimos. Los más próximos en tu propio círculo tienden a compartir contigo un gran número de conocidos, por lo que no resultan tan útiles en términos de flujo de información. Son precisamente aquellas personas a las que con esfuerzo te acuerdas de mandar una postal por Navidad, antiguos compañeros de trabajo, alguien que te presentaron una vez y que luego casi no has vuelto a ver… ésas son las que te pueden ayudar a pasar o encontrar información, pues sus círculos difieren más de los tuyos.

Tras estos experimentos, a alguien se le ocurrió la brillante idea de ponerlo todo en práctica, a través de Internet. Así nacieron los sitios de “networking”, útil palabra inglesa que literalmente viene a decir “hacer redes”. Funcionan como un club, y muchos de ellos son gratis. Te inscriben, e invitas a tus amigos y conocidos a que hagan lo mismo. Éstos a su vez invitarán a sus conocidos, los cuales invitarán a los suyos… y así hasta el infinito. De tal manera que tu red de contactos se agranda. Bueno, realmente no. Tu red de contactos sigue siendo la misma, pero estos sitios web permiten materializar las redes en algo más real, y ponerlas al servicio de los usuarios. Así se han creado clubs sociales dedicados a los más variados intereses, aunque los que más fructifican son los clubs estrictamente profesionales, donde empresarios y empleados se encuentran, proveedores y compradores negocian, o personas del mismo ramo discuten las últimas tecnologías.

Por no quedarme atrás en este mundo que tan rápido cambia, yo también me he inscrito en uno de estos sitios; y he acabado discutiendo sobre temas medioambientales con un señor argentino que vive en la Patagonia, y sobre el papel de la mujer en el gobierno, con una alemana. Además, una empresa de traducción israelí me ofreció sus servicios. Es la aldea global. Ya está aquí. ¿Quién se apunta?

Monday, September 12, 2005

 

Trajes típicos holandeses


 

Privilegios

Cuando hablando con gentes de otros países digo que soy española, mi interlocutor me pide siempre que le diga exactamente de dónde. Y al mencionar el nombre de Extremadura, siempre el mismo resultado: mirada decepcionada y un “no, no lo conozco, yo he estado en las costas”. Entonces me toda explicar que casi nadie viene a visitar nuestra región y que es normal que no hayan oído hablar de ella. (De acuerdo: los que nos visitan son miles, pero son millones los que vienen a España y no pasan por aquí).
Reconozcámoslo. Vivimos en una región pobre de Europa, en la que el sector servicios y la industria luchan por sobrevivir. Y sin embargo me siento privilegiada de haber crecido aquí. He vivido en contacto con la naturaleza, la de verdad, no una versión amaestrada o de fin de semana. Ver en su ambiente gallinas, cabras, ovejas, vacas y cerdos fue para mí una experiencia normal de mi vida diaria, no como parte de una excursión educativa. He sido ecologista sin saberlo; ni siquiera habíamos oído hablar de alimentos transgénicos.
En el pronóstico del tiempo, los meteorólogos suelen olvidarse de que hay algo al oeste de Madrid y nos anuncian como “venidero” el tiempo que ya tenemos encima. Menos mal que los viejos saben refranes para interpretar a corto plazo las señales del cielo y que la lluvia no nos pille desprevenidos. Por ejemplo, “cuando Marvào tenga capa no dejes la tuya en casa”. Y así, por docenas.
Con medios muchos más pobres que en los grandes institutos y colegios, mis profesores se aseguraron de darme la instrucción necesaria para enfrentarme al mundo con suficiencia. Dispuse también de una biblioteca pública; y puestos a enumerar bondades, habrá que incluir el centro de salud.
He podido jugar en la calle libremente con mis amigos, sin que nuestros padres tuvieran que estar temiendo lo peor. Conozco a mis vecinos por sus nombres, y a priori sabíamos que podíamos contar los unos con los otros, aunque todavía nadie nos hubiera hablado de la palabra “solidaridad”.
He conocido a la gente maravillosa de la campiña. (Personas que siempre me sorprendieron por sus ideas claras; valientes, fuertes y generosos como nadie.) Y que además pueden presumir de pertenecer al reducido número de humanos que habla “portuñol” o que pasan sin transición de la una a la otra lengua.
Ahora que vivo en una capital, veo todo lo que me ha faltado en mi pueblo. Pero también soy consciente de que he disfrutado de una niñez protegida y feliz. Y quizá algo aún más importante: fue una niñez sencilla. ¡Que gran privilegio es salir al mundo y poder admirarse y sorprenderse, y mirarlo todo con ojos de pueblo!. Y poder volver a casa cada año en Navidad, a celebrarla tradicionalmente, a salir a la calle para saludar a los vecinos, felicitarles las fiestas, preguntar por la familia, comentar los cambios… Saberse en casa.

Sunday, September 11, 2005

 

Navidad entre amigos

Amsterdam, Diciembre 2003
Tras considerar todas las opciones posibles, mi humana y yo decidimos que pasaríamos las Navidades separados. A los dos nos gustaría mucho que yo visitara su pueblo alguna vez. Me ha contado muchas cosas sobre el lugar, me habla con frecuencia de lo que yo disfrutaría del sol, y de que allí los gatos son pequeños y esbeltos, como yo (ella insiste en que no parezco un gato holandés, y es cierto que mis compatriotas son grandotes y con tendencia a la obesidad).
El caso es que a mí el viaje me da mucha pereza. Hay que tener en cuenta que no me dejan ir en el avión con el arnés, sino metido en una jaula, y yo en la jaula lo paso muy mal. Por no hablar de la intranquilidad que me producen los lugares nuevos. Sería demasiado estrés. Una vez decidido esto, pasamos revista a las demás posibilidades. Yo desde un principio descarté quedarme en casa de mi amigo Meckie, porque la última vez que me fui con él estuve muy angustiado. Podría haber ido a casa de mi amigo Mio, que además ahora tiene un hermano pequeño. Pero resulta que ambos son muy viajeros (para mí que son unos insensatos), y se van los dos a España por unos días. Con Neo no podía quedarme porque es muy dominante y no querría compartir su piso conmigo. De todas formas no me llevo muy bien con ella. Jugando es una salvaje.
Me habló mi humana de la posibilidad de quedarme en casa de un conejillo de Indias muy simpático. A mí esa idea me parecía excelente. ¡Lo bien que me lo habría pasado yo jugando con él! Pero a su humana le dio preocupación que yo no le tratara bien. Qué tontería, si yo soy muy bueno. No me lo habría comido. Si acaso, un mordisquito sólo.
Al final me he venido a pasar unos días al hotel donde conocí a mi humana. Aquí he hecho otro buen montón de amigos, todos muy majos. Salimos a la terraza, jugamos con los ratoncillos, dormimos sobre buenas mantas… La camarera (otra humana) nos trata bien. Cuando llegué tuvo el detalle de apuntar mis gustos personales en cuestión de comida. Cómo se nota que ahora vengo pagando. Cuando estuve aquí refugiado, no se anduvieron con tantos miramientos.
En fin, desde mi cálido rincón frente al radiador, mando muchos saludos. Misino.

Saturday, September 10, 2005

 

Ouderkerk, 26-09-99

Por fin he averiguado por qué son tan altos los holandeses: en este bendito país, sólo sobreviven los más fuertes. Por lo menos, así parece deducirse del sistema sanitario establecido. En teoría, el funcionamiento es básicamente igual que en la seguridad social española. Una vez que tienes asignado un médico de cabecera, éste se ocupa de tu salud en general, y no es posible acudir a un especialista a menos que el médico de familia lo prescriba (lo cual sorprende y hasta escandaliza a los alemanes). Ahora bien, ya sea por costumbre nacional o porque han recibido consignas para ahorrar dinero, los médicos generalistas holandeses son muy, muy prudentes en cuanto a mandar medicamentos o visitas al especialista.
A mí me ha tocado aprenderlo hace poco. Sospechaba que tenía la gripe y acudí al doctor. Le expliqué los síntomas y le comenté mis temores. Después del reconocimiento, el buen hombre me dijo que yo tenía razón, y que seguiría sintiéndome mal durante una semana más. Con eso parecía dar por terminada la consulta. Yo me aventuré a pedirle algún consejo, pero sólo conseguí que me repitiera lo que todo el mundo ya me había recomendado: beber mucho. Por fin, insistí un poco más y le pregunté qué podía hacer para aliviar los dolores, a lo cual me respondió que tomara alguna aspirina si realmente lo necesitaba. En resumen, yo llegué allí sospechando ya que se trataba de la gripe, llevaba varios días bebiendo mucho líquido y tomando aspirinas... Una de dos, o yo soy mejor médico de lo que hasta ahora creía, o la consulta fue absurdamente limitada.
Al comentar el episodio con otros extranjeros, me han asegurado que mi médico no es ningún incompetente, sino que sigue la tónica general. Por lo visto, aquí sobrevives con tus propias defensas a menos que estés al borde de la muerte. Ya de paso, me contaron unas cuantas anécdotas, todas ellas parecidas a la mía. Un incauto extranjero acude a su médico holandés, se hace su propio diagnóstico y, con suerte, consigue que el médico apruebe el tratamiento casero del sufrido paciente. Peor es el caso de los que intentan visitar a un especialista, porque su médico de familia se arma de valor y de obstinación y se las apaña para encargarse el mismo del problema (traumatología, ginecología... da igual), con un resultado muy discutido por el extranjero en cuestión. Yo quiero suponer que el panorama no es tan negro como parece.
Confío en que, en el fondo, debe de funcionar. A fin de cuentas, de España se critican muchas cosas pero ahí estamos, entre los once primeros países de la zona euro. Aunque también temo que quizás a ellos, a los "nativos", ya les pilla acostumbrados, mientras que nosotros pobres, españoles, franceses, alemanes y demás, ¿seremos capaces de sobrevivir un crudo invierno sin medicinas?

Friday, September 09, 2005

 

Confesión

Ouderkerk a/d Amstel, 2 de noviembre de 1999
Ha llegado el momento de admitirlo. A pesar de la lluvia, del frío y del idioma, a pesar de las costumbres extrañas, de las bicis y del agua omnipresentes... estoy enamorada de Holanda. Y no ha hecho falta mucho para convencerme, tan sólo un cuarto de hora, que es lo que se tarda desde el pueblo hasta la parada de metro, en bici, por supuesto. Primero hay que atravesar el pueblo. Para ello, subo hasta el río (el agua siempre por encima, retenida en diques) y continúo a lo largo de su ribera. Parece mentira el rumor tan incesante que puede llegar a formar elviento -viento del mar, sin duda- entre los árboles. Hay barquitos amarrados a la orilla, todos recién pintados y listos para el uso. Enfrente, al otro lado de la carretera, veo un canal y el jardín trasero de varias casas.
A la salida del pueblo cruzo el río por un puente de madera,tomo un carril de bicis que va hasta Amstelveen, siempre entre la carretera y otro canal, y empiezo a disfrutar de veras. Aprovecho una ligera cuesta abajo para relajarme un poco y sonreír ante la imagen tan típicamente bucólica que se despliega. Las ovejas pacen en los prados verdísimos. Son grandes y robustas ovejas holandesas, con la cara más ancha que las nuestras, el cuerpo más gordo y la lana más rizada. Y están acostumbradas a la lluvia.
Siempre, en casi todos los canales, hay patos, patos silvestres pero habituados a la presencia de humanos. No se inmutan cuando una bici pasa a menos de un metro. Siguen comiendo tranquilos en las aguas verduzcas, haciendo burbujitas y un ruido muy gracioso mientras filtran el alimento con el pico. Las fochas no suelen estar muy lejos. A veces, con suerte, se ve alguna garza. Y un día, en ese cuarto de hora pacífico, llegué a distinguir una familia completa de cisnes. Por no mencionar la cantidad de grajillas, mirlos y urracas que aparecen por todos lados. Ser ornitólogo en Holanda no debe de tener mucho mérito.
Después de ese paseo, me encuentro de nuevo en la civilización para coger el metro o el tranvía. Es el sistema de llegar al centro de Amsterdam, la capital. El metro es más rápido, pero el tranvía permite seguir enamorándose poco a poco, primero de los bosques, los lagos y los ríos, y luego de las calles estrechas, las calles vivas, animadas, las terrazas, un canal tras otro cercando el núcleo...
Ahora ha llegado el otoño, y al verde intenso de la hierba se añaden mil tonos distintos del rojo al amarillo. Sólo en un clima como éste, donde abundan los árboles de hoja caduca, se entiende plenamente el romanticismo de esta estación. Nunca hasta ahora había considerado el otoño como una estación bonita, salvo en las películas. Pero cuando vuelvo a casa y veo a los niños (rubísimos y tan blancos) jugando con inmensas montañas de hojas secas, me parece haber entrado en un cuadro. Sería todo perfecto si no hiciera tanto viento, si no hubiera tanta humedad y si hablasen en cristiano.

Thursday, September 08, 2005

 

Amsterdam, otoño de 1999

Mi primera impresión al llegar a este país puede resumirse en tres exclamaciones: qué llano!, cuánta agua!, cuántas bicis! En realidad, las tres cosas están muy relacionadas entre sí, y las tres se deben a la característica geográfica que da nombre al territorio: Países Bajos. Holanda es un pequeño país que sería diminuto si no hubieran tenido la osadía de ganarle terreno al mar. Digo la osadía porque para mí, como para cualquier otro extranjero, no resulta nada tranquilizador el saber que vivimos por debajo del nivel del mar. Los indígenas confían en su complicado sistema de diques y canales, y yo...procuro no pensar mucho en ello. Alguna vez he leído cómo consiguen evitar las inundaciones, pero lo único que recuerdo ahora es que utilizan los molinos de viento para drenar los campos. Así mediante una dificultad, se ha acabado creando un paisaje de postal en el que todo está verde, los canales cruzan los cercados, las ovejas pastan mientras nadan los patos, y las fochas miran con recelo a las garzas. Y al fondo, un viejo molino. Lo más impresionante es que un campo así se encuentra a cinco minutos de la ciudad, como si un país tan desarrollado quisiera demostrar al mundo que no es preciso renunciar a lo uno para tener lo otro. A lo único que han renunciado los holandeses es a la verdadera naturaleza, la agreste y sin intervención humana, pero si dejaran espacio para eso, ¿dónde iban a vivir? Y aparte, tenemos las bicis. Digo tenemos, porque yo ya me he comprado una. Aquí vivir sin bici es como vivir sin piernas. Las distancias, los caminos, los indicadores... todo está pensado para ir sobre dos ruedas. La habilidad que llegan a adquirir es fascinante. Llevan el paraguas en una mano, pedalean contra el viento, o circulan por entre coches, tranvías y peatones, como si fuera lo más natural del mundo. En todo establecimiento que se precie hay un "aparcadero" para bicis, y la máxima expresión de esta manía nacional se encuentra a la entrada de la Estación Central, donde se amontonan cientos de bicis en un enmarañaado laberinto de donde no logro entender cómo las sacan. Las bicis se mueven mucho en Holanda: sirven para pasear, hacer la compra, ir al trabajo, hacer turismo..., se compran, se venden, pasan por segundas y terceras manos, se estropean y se arreglan, se prestan y se roban. Se roban muchas bicis en Amsterdam, muchas, con lo cual la gente como yo intenta comprar la bici más barata y el candado más caro, confiando en que esta combinación dure, cuando menos, un año. Pero no es fácil encontrar el equilibrio, porque si es demasiado nueva, desaparece; ahora bien, si es demasiado vieja, quizás no cumpla su función todo lo bien que debiera, y corres el riesgo de acabar en pleno camino, bajo la lluvia, con una bici rota. En cualquier punto intermedio entre estos dos extremos, es fácil que te timen. Yo estoy recién llegada, me queda por averiguar cuál es mi caso, pero tengo la satisfacción de ser alguien en este país: ya tengo bici.

Tuesday, September 06, 2005

 

Holanda: manual de uso

Ouderkerk a/d Amstel, 22 de noviembre de 1999
En las grandes ciudades españolas es difícil encontrar un buen alojamiento a un precio razonable. El éxito depende un poco de la suerte y un mucho de la constancia y la habilidad demostradas por el que busca el piso.En Holanda es distinto, es caótico, es... muy holandés. En primer lugar, hay que tener bien claro que existen dos mercados para el alquiler. Por un lado, está el mercado libre, que funciona igual que en el resto del mundo pero a unos precios prohibitivos. Por otro lado, está el mercado protegido, que es al que acuden los mortales no bendecidos con sueldos millonarios. En dicho mercado, ni el propietario ni el inquilino deciden, sino que todo queda en manos del ayuntamiento o, con suerte, éste delega en una agencia (con resultado similar). Yo todavía no he llegado a entender muy bien el sistema, pero a grandes rasgos puede describirse así:Cuando se busca un alojamiento, es preciso inscribirse en una lista creada a tal efecto en el ayuntamiento del lugar deseado. Esa lista está ordenada por puntos, y los puntos se otorgan en virtud de determinados criterios: hijos a cargo, estado de salud, situación financiera... y a falta de otra cosa, por antigüedad. Cuanto más tiempo se lleve en la lista, más puntos se van acumulando. Mientras tanto, cada dos semanas aparece el periódico local anunciando los pisos que han quedado libres. Si el futuro inquilino se interesa por uno de ellos, debe rellenar un formulario y entregarlo obedientemente en el ayuntamiento. A continuación, el piso se asigna al que más puntos tenga de entre todos los que lo hayan solicitado. En ese momento, el afortunado puede visitar el piso y alquilarlo. Caso de que no lo quiera, se le ofrece al siguiente de la lista. Evidentemente, la rapidez brilla por su ausencia.Sencillo, ¿verdad? Para agilizar aún más el proceso, el que se marcha del piso está obligado a dejarlo tal y como lo encontró, lo cual implica quitar moqueta, parqué, muebles, cocina, baño, todo. De manera que el nuevo inquilino se encuentra con el suelo de cemento y el piso desnudo, y tiene que enmoquetarlo, pintarlo y amueblarlo de nuevo. Con esta brillante norma se consigue que el primero se gaste el dinero en despejar el piso para que así el segundo pueda gastarse el dinero en volver a acondicionarlo. Los holandeses, afortunadamente, no son tan tontos y a veces consiguen ponerse de acuerdo: el que se marcha vende la moqueta y algunos muebles al que llega, ahorrándose ambos trabajo, dinero y un sinfín de molestias. En resumidas cuentas, el cuándo encuentras piso depende de la lista; qué piso encuentras depende de la suerte; en qué condiciones lo encuentras depende de la buena voluntad del inquilino anterior... Tú sólo puedes decidir en qué lista te apuntas y si aceptas o no los pisos que te vayan ofreciendo. Eso, en teoría. En la práctica, uno se apunta al mayor número de listas posibles, y al cabo de diez meses de espera el ánimo no está en condiciones de rechazar nada.
No consigo verle muchas ventajas a todas estas listas, solicitudes y papeleos previos al alquiler. Quizá se pueda pensar que añaden una pizca de incertidumbre y aventura a la vida. Es como un sorteo en el que vas reuniendo papeletas a lo largo del tiempo: sabes que antes o después te tocará un premio, pero ¿será el perrito piloto o la televisión con mando a distancia?

Monday, September 05, 2005

 

¡Allez les bleus!

Todos los días, al salir de casa, me cruzo con los trabajadores que montan los puestos del mercadillo del barrio. Pero aquel día estaban más atareados que de costumbre. ¿Qué estaban poniendo allí arriba? ¿Banderas? Supuse que iban a festejar alguna fiesta local, pero me equivocaba. Se estaban preparando para el acontecimiento del año: ¡La Eurocopa 2000!
Al cabo de una semana, ya no era mi barrio, sino toda la ciudad la que se había vestido de naranja: banderitas colgadas por las calles, banderas en las ventanas, banderas en los coches, los escaparates inundados de motivos nacionales, hasta en las pastelerías se vendían tartas de zanahoria, redondas como un balón de fútbol...
Tengo que reconocer que la primera fase me pasó más bien desapercibida. Sólo me afectó cuando jugaron en el Arena, el estadio del famoso equipo de Amsterdam, el Ajax. Resulta que la empresa donde trabajo está muy cerca del estadio, y para llegar allí (o para volver a casa) hay que pasar por una de las carreteras que dan acceso al campo. En fin, sufrí un cierto retraso en el autobús, pero nada grave. Empecé a aficionarme y emocionarme con el partido de España-Yugoslavia. Siempre me ha parecido muy bonito cuando una causa perdida sale adelante. A partir de ese día, me vi todos los encuentros. Grité emocionada apoyando a Portugal. ¡Qué bien jugaron contra Turquía! Ese sábado, concretamente, habíamos quedado unos cuantos amigos para tomar una copa en el centro.
Salí de casa al poco de acabar el partido. En el metro me crucé con los aficionados turcos: todos serios, silenciosos y apagados. Luego, en el centro, comenzó la fiesta. Grupúsculos de portugueses cantaban alborozados, ondeando las banderas rojiverdes y saludando a todo el mundo al pasar. Me sentía tan identificada con ellos, viniendo, como vengo, de la Raya... Los holandeses también festejaban algo, aunque no se sabía muy bien si era la victoria de Portugal, la buena marcha del equipo nacional, o simplemente la alegría de ser los anfitriones. Caminar por la calle era ver una sucesión de camisetas rojas y naranjas, todos en buena armonía.
Pero la verdadera fiesta estaba por llegar. El ambiente antes de la semifinal entre Holanda e Italia era de película. Se iba a celebrar allí mismo, en el Arena, y toda la ciudad se preparó para el acontecimiento. Las pocas ventanas que quedaban sin adornar se apresuraron a engalanarse con sus respectivas banderas. Desde por la mañana un brillante color naranja cubrió el país. Los ejecutivos llevaron sus serios trajes de oficina junto con una hermosa corbata naranja, y los más atrevidos se pusieron una gorra de león (símbolo nacional), una camiseta con la letra del himno impresa, y una cola de león. Por cierto, la primera estrofa del himno es muy curiosa. Cantan orgullosos los holandeses: “Yo soy Guillermo de Oranje‚ tengo sangre alemana y rindo homenaje al rey de España. Qué cosas...
Creo que a todos mis compañeros les hacía ilusión que ganaran los neerlandeses. Habría sido fantástico vivir una final de Eurocopa 2000 en el país anfitrión y jugando además el equipo nacional. Sólo el departamento de italiano estuvo feliz al día siguiente. Y yo, después de haber perdido a España, Portugal y Holanda por el camino, decidí apoyar a Francia (por razones de amistad personal, no por otra cosa). Y fue una decisión muy sensata, porque los holandeses han cogido cierta tirria al país de la pizza. La final se celebró un domingo en Rotterdam. Pero había unos cuantos bares con pantalla gigante donde seguro que podríamos ver el partido con comodidad y buen ambiente. Y allá nos fuimos, dos francesas, una andorrana, una alemana, un suizo y dos españolas. La alemana y el suizo animaron al equipo italiano; la andorrana y la otra española fueron más bien neutrales. Las francesas se presentaron con una enorme bandera tricolor y ganas de juerga. Y a ellas me uní, saltando cual bretona emocionada antes del partido, lo cual me ganó besos y abrazos después del partido, porque esa fidelidad a una patria que no es la propia les había llegado al corazón.
Y ya pasó todo. Tantas banderitas, tanta expectativa, y tantísimo dinero gastado. Me reservo mi opinión sobre el fútbol, porque todavía no he aclarado mis ideas. Por lo pronto, disfruté mucho con mi nueva actitud de: si no puedes vencerlos, únete a ellos.

 
Paradiso Posted by Picasa

Sunday, September 04, 2005

 

Bruselas, 16 de abril de 1999

El edificio del Consejo de la Unión Europea resulta bastante impresionante a primera vista. Está rodeado de una pequeña valla que protege un seto y los jardines. No hay ningún problema para llegar hasta el interior. Todo el mundo puede atravesar la entrada y llegar hasta el hall, siempre y cuando se sepa que es por ahí por donde se quiere entrar. Porque el edificio tiene tres entradas, cada una en una calle diferente y cada una da acceso a un piso diferente. Yo no me habría perdido el primer día si no me hubieran citado en una de las entradas secundarias, en la que da al piso 03 (que no es el tercer piso, como sería de esperar, sino el tercero hacia abajo; el tercer piso se llama 30). Pasar más allá del guarda de seguridad ya es otra historia. Sólo hay tres posibilidades: o tienes una tarjeta de acceso, o te invita un funcionario, o demuestras que estás citado en algún despacho. Con la tarjeta de acceso todo es más fácil… relativamente. Porque primero hay que saber utilizarla: pasas la tarjeta por delante de un poste electrónico, esperas a que suene un “bip” y se encienda una luz verde, luego entras en la puerta giratoria (que primero está parada), y confías en que el mecanismo funcione y te deje entrar.Ya estamos dentro del Consejo. Llega el momento de ver caras famosas y encontrarse con los de Caiga Quien Caiga. Mmm… más bien no. De los miles de funcionarios que trabajan en estas oficinas, no me suena ninguna cara. Bueno, no hay que desesperarse. Siempre queda la posibilidad de salir en la tele de algún país, según pasas por delante del edificio, o bien hacer guardia en la entrada VIP a ver si cae algún ministro. Y si no, en la cafetería del piso 50 (el quinto piso, para que nos entendamos), con un poco de suerte puedes tomar café a la vez que el embajador alemán. Si alguien es capaz de reconocerlo, enhorabuena, está más informado que yo. A pesar de todo, el pasado miércoles, 14 de abril, tuve el privilegio de coincidir con un Consejo de jefes de Estado y de gobierno. En los ventanales de uno de los pasillos nos reunimos becarios, funcionarios y jefes de división, todos emocionados al ver cómo llegaban en mercedes y en audis, uno tras otro, Tony Blair, Kofi Annan, Jacques Santer, nuestro Aznar… Las medidas de seguridad se intensificaron hasta tal punto que desalojaron el último piso, donde iba a celebrarse la reunión sobre Kosovo. Otros becarios y yo bajamos a ver el ambiente que se había creado entre tanto periodista y, tras una larga espera, pudimos asistir a la rueda de prensa que dieron Kofi Annan, Schröder y Santer. Fue una gran oportunidad el poder verlos en persona, estar mezclada entre los periodistas, las cámaras y la televisión. Todo fueron palabras, y lo que es peor, palabras de políticos. Sin embargo, he de reconocer la gran habilidad que tuvieron para no responder a las agudas preguntas que les formulaban. Por lo demás, la vida en el Consejo siguió su ritmo inalterado. El verdadero trabajo sigue realizándose sin publicidad ni protocolo.

Saturday, September 03, 2005

 

Ik studeer Nederlands

Ouderkerk a/d Amstel, 24 de enero de 2000
Siendo yo traductora, no puedo por menos que dedicar un artículo a este maravilloso idioma que es el neerlandés. A caballo entre el alemán y el inglés antiguo, resulta lo suficientemente complicado como para dificultar la vida de los extranjeros que aquí llegamos. Comencemos por la pronunciación:
En general, el holandés se lee tal y como se escribe. Es decir, una vez que se conocen las reglas de pronunciación, se puede leer en alto todo el periódico a la perfección, aunque no se comprenda ni una sola palabra. Aparte de las vocales largas y cortas y los diptongos, hay otro par de obstáculos. El primero: la ge. Aparezca donde aparezca, siempre se pronuncia como una jota. Teniendo en cuenta que algunas palabras son de ámbito internacional, como "giga" o "gratis", y surge incluso en algunos nombres propios como "Gabriel", llega uno a Holanda y se encuentra con "jija", "jratis" y el árcangel San "Jabriel". Por cierto, san o santo es "heilige". Ahora bien, la hache se pronuncia a la extremeña, y créanme, mezclar haches con jotas en la proporción en que se hace en holandés tiene mucho, mucho mérito.
Superada la ge, llega la uve, que no suena a uve sino a efe. Es la uve doble la que suena a uve... Y lo peor de todo, la letra de todas las letras: la "ij". Estas dos letrillas inocentes, que en cualquier otro idioma pueden aparecer juntas pero no revueltas, en holandés se han convertido en pareja estable y son consideradas una sola. ¿Y cómo se pronuncia? Pues depende. Cada vez suena de una manera, según quién la diga, pero todos te asegurarán que la suya es la única correcta. Básicamente, es algo así entre "ei", "ai" y "ein".
La pronunciación es muy importante, no sólo para que te entiendan, sino también porque ayuda a reconocer palabras escritas de aspecto inclasificable pero sencillas en el fondo. Es el caso de fútbol, que dicho por un nativo suena igual que en español, pero por escrito despista: voetball. Sabiendo inglés, conociendo la pronunciación y echándole mucha imaginación, se puede deducir el significado de algunas palabras. Por desgracia, hay otras muchas que vienen del alemán (suerte de aquéllos que hablan la lengua de Goethe) y otras cuantas son aparentemente huérfanas y obligan a usar la memoria, sin más aderezos.
De la gramática seguro que hay mucho que decir, pero como todavía no he intimado con ella, me quedan muchas sorpresas por descubrir. De momento, baste decir que el orden de la frase cambia para seguir el ejemplo alemán, de manera que en los verbos compuestos el participio queda desterrado al final ("yo he mucho holandés estudiado") y el verbo principal sube a segunda posición cuando la frase se inicia con un complemento ("ayer has tú manzanas comprado"). Típica del holandés es la costumbre de omitir el verbo de acción en presencia de un verbo modal ("yo debo a casa"), que agiliza la frase aunque deje amplio lugar a la imaginación.
Después de estas explicaciones, quizá no sorprenda tanto el hecho de que la inmensa mayoría de holandeses sabe hablar inglés perfectamente. Hay que agradecerles su comprensión hacia todos los que no conocemos su trabalenguas... digo su idioma.

Friday, September 02, 2005

 

Contrastes

Amsterdam, agosto 2000
El verano holandés es un largo abril. Mil aguas improvisadas en días alternos y, de vez en cuando, un hermoso día de sol. Cuando las nubes se alejan parece que Primavera instalara aquí su reino: todo está verde, exhibiendo una vitalidad que, a mis ojos de extremeña, resulta casi insultante. El aire lavado ofrece una claridad y una nitidez de estilo naíf.
Me tumbo en Vondelpark, el más famoso parque de Amsterdam, imitando a los nativos. Han anunciado 28º para hoy, todo un lujo. Aquí siempre parece que hiciera un poco más de calor, por la humedad ambiente. Con 28º se está en la gloria. La gente se echa a la calle, llenando el parque de bicis, patines, paseos en solitario, con el novio, con los niños, con el perro, con lo que sea. O se instala sobre el césped a leer, a disfrutar. O juega al fútbol, o asiste a un concierto de música búlgara. O escribe para la revista de su pueblo lejano.
Enfrente de mí hay un canal, uno de los muchos que entrelazan el parque. Y ahora mismo acaba de acercárseme una familia de fochas. Por alguna razón, el pollo no quiere meterse en el agua y pía desconsolado. Más allá asoma otro pollo más atrevido que, nadando, visita al primero.
Pasa una pareja, él y él, con un perro. El pasado fin de semana hubo en Amsterdam una "Gay Parade", un desfile en barco por los canales, donde homosexuales, transexuales y "drag-queens" afirmaron su existencia. La gente asistió de público como quien visita "los Mayos", con esa filosofía de vivir y dejar vivir. Es un ambiente muy distinto al de España, donde hay quien se manifiesta con motivo de la muerte de unos etarras que transportaban una bomba.
Leo o procuro leer la prensa española todos los días. Y qué sorpresa me llevé cuando me enteré de esa "protesta". ¡Cielo santo!. ¿Pretenderán acaso que el Gobierno indemnice a la familia de los los afectados?. ¿Que el terrorismo esté cubierto por la seguridad social?. ¿O quizá que a los jóvenes asesinos se les proporcionen cursillos sobre la manipulación de explosivos?. Cuando leo esas cosas me siento feliz de ser emigrante. Sé que a muchos les chocará o quizá suene a deserción. El caso es que me siento feliz de no formar parte de esa farsa. No me hacen falta las cadenas de televisión españolas para saber que a cada disparo, a cada bomba, le está correspondiendo su consabido "pesar" de los políticos, que hablarán de "los violentos" y de la democracia. Vive y deja vivir. Yo no soy vasca ni hablo su idioma, por lo que no podría vivir allí, literalmente. En cambio, no soy holandesa ni hablo el neerlandés, pero en ningún momento se me trata como ciudadana de segunda clase.
Llevo ya un año en este país. Un año. Todavía me maravillo de los paisajes campestres, de la cercanía de las aves, de las luces nocturnas que adornan los puentes sobre los canales. Es un hermoso lugar, es un país de cuento de hadas, con una economía sana y una agradable filosofía de vida. Y yo formo parte de una generación en la que, los jóvenes que emigramos, lo hacemos sabiendo inglés, con una titulación bajo el brazo y un contrato de trabajo. Somos gente abierta, tan abierta como lo es este país y estamos dispuestos a aprender a integrarnos para sacar el máximo partido de nuestro “destierro”, en lugar de lamentarnos y mirar al sur. Nos favorece, además, la mejora de la economía española, que nos exime del envío de divisas. Los que venimos ahora, yo y otros muchos que voy conociendo aquí, no cuadramos, por suerte para nosotros, con la imagen del emigrante forzoso que se fue forjando durante los años sesenta. Sin embargo, a pesar de todo, no dejo de desear que llegue la paz a España para poder echarla de menos.

Thursday, September 01, 2005

 

Barco del SAIL


 

Queridos camaradas

Ouderkerk a/d Amstel, 26 de enero de 2000

En mis peripecias por Holanda, plugo al destino que no me viera desamparada: en las penas y alegrías que sazonan mi estancia en este país me veo siempre reconfortada por la presencia de otros españoles más experimentados en el arte de vivir a la holandesa. En la empresa en la que trabajo somos en total cinco compatriotas, cada uno de una provincia distinta. Hay una madrileña, un gaditano, un traductor granadino, una traductora segoviana... y yo. Mis razones para venir a Holanda fueron muy sencillas. Entre el trabajo mal pagado y sin contrato que me ofrecieron en Madrid y éste, no había color. Mis dos colegas llegaron aquí por el mismo camino. Un buen día contestaron a un simple anuncio del periódico, y antes de darse cuenta se estaban mudando a Amsterdam.

La historia de los otros dos españoles es más curiosa. Ella, la madrileña, está casada con un "nativo", razón poderosa y más que suficiente para aguantar con una sonrisa el clima lluvioso, y hasta para aprender a la perfección el idioma. Aun así, de vez en cuando aprovecha algunas vacaciones para pasarse por la capital del reino y disfrutar del bullicio y del sol. Él, el gaditano, llegó a Amsterdam un verano de hace veinte años con la intención de pasar unas vacaciones, y se quedó a vivir. Su dominio del holandés es tal que ha llegado a publicar una revista sobre bonsais escrita por él mismo. Y lo que es más, su idioma materno le empieza a fallar y a veces no consigue recordar la palabra adecuada en español. Este eslabón perdido entre el salero andaluz y el frío holandés resulta una ayuda vital para el resto de nosotros, que andamos más (yo) o menos (los demás) perdidos. No sólo es fuente de información continua y sorprendente, sino que es imagen viva de que la supervivencia es posible.

Los otros dos traductores llevan tres y dos años en Holanda, respectivamente. Ambos son jóvenes, pero yo los he adoptado como padres en las cuestiones holandesas: médicos y vivienda, fundamentalmente. Ambos forman parte de una especie de régimen comunista que se ha ido creando poco a poco entre los empleados de la empresa. Cuando llegamos aquí, la gran parte de nosotros somos muy jóvenes, estamos solos, no hablamos el idioma y no conocemos a nadie. La mutua ayuda es el único sistema por el que logramos plantar cara a la situación, sacar el máximo provecho de ella y disfrutar en el intento. ¿Los pisos los alquilan sin suelo y sin pintar? Todo el mundo pinta el piso de todo el mundo. ¿Los médicos no recetan medicinas? Todos ofrecen un remedio de su país cuando alguien está enfermo. ¿No conoces a nadie? Tranquilo, no pasarán dos fines de semana seguidos sin que te propongan apuntarte a algo, ya sea cine, cena o deporte.

Esta ayuda ha sido muy importante para mí, y todavía lo es, incluso ahora que empiezo yo a ayudar a los nuevos. No habría aguantado ni un mes sin el apoyo de mis dos compañeeros traductores, José Luis y María José, que me hicieron prometer que los mencionaría en un artículo cuando se enteraron de que escribo para la revista de mi pueblo. Y no pude negarme, pues justo es que ellos, que tanto oyen hablar aquí de Valencia de Alcántara, sean conocidos ahí.

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