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Tuesday, May 17, 2005

 

Suspiros de España

En esos días la piscina municipal se convierte en el club privado de aquellos que comparten ese gen de las aves que obliga a despertarse temprano.

En esos días pasear por el parque un domingo por la mañana te transporta a un mundo deshabitado e irreal.

En esos días el pueblo late a ritmo lento de calor veraniego, y cada pulsación trae silencio matutino y bullicio nocturno. Son las fiestas en honor de nuestro patrón, San Bartolomé.

Yo, como tantos otros emigrantes, procuro acudir a esa cita anual, contribuyendo a la repentina multiplicación de la población local. Debe de ser un impulso atávico, que me lleva a disfrutar más con las humildes actividades de mi propia tribu. El concurso de pasodobles en la Plaza del Ayuntamiento, las tómbolas junto a la Casa de la Cultura, las actuaciones venidas de cerca o lejos, las risas de los niños que montan en el tiovivo, las verbenas de cada barrio… son todos recuerdos que quiero revivir cada año mientras pueda.

Cada nueva generación de jóvenes se emociona ante la posibilidad de ser elegida miss, y todos nos congregamos a celebrar esta particular puesta de largo. Los más tradicionales no faltan a la corrida de toros, espectáculo polémico en tierra propia y que, sin embargo, todos los españoles defendemos si un extranjero se atreve a opinar. No faltan tampoco las muestras hípicas, donde las cabellerías locales lucen en todo su esplendor; y los acontecimientos deportivos, en los que un clamor unísono anima sin cesar a nuestros atletas. Y para los que somos algo menos activos, y amantes de la buena mesa, es cita obligada el concurso gastronómico, del que siempre salgo pensando que tengo que aprender a cocinar más platos extremeños.

De todas las actividades que se organizan en esas fechas, quizá mi favorita sea el Festival de los Pueblos del Mundo. Estrictamente hablando, no forma parte de los festejos feriales en sí, pero viene a coincidir por la misma época, y para mí ambos acontecimientos están unidos en el corazón. Creo que fueron en parte estos festivales, las actuaciones de grupos folklóricos o coros de otros países, los que me fueron formando hasta convertirme en lo que soy. Siempre me sentí orgullosa del calor humano con que se recibe aquí a los grupos de otras tierras. Somos un pueblo extremeño con carácter internacional, pensaba yo. Y poco a poco me fue invadiendo el gusanillo de acercar en mi persona ambos mundos.

Pasan los años, y sigo ilusionándome ante la idea de volver a mi pueblo en agosto, y me pregunto qué países participarán este año en las actuaciones, y qué atracciones vendrán a la feria. Y si algún año no puedo acudir, el 24 de agosto está mi mente allí, con mi gente.

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