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Tuesday, May 31, 2005

 

And now what?

Y ahora que los franceses han dicho que No a la constitución europea, qué? Nos la comemos con patatas fritas?

Habría alguna manera de que la UE dejara de ser una politicocracia? Que dejen de colocar a vivillos que quieren vivir del sueldo, y pongan a gente que realmente quiere mejorar Europa. Ya sé que es un imposible, pero por pedir...

Sunday, May 29, 2005

 

Este año el verano ha caído en jueves

Tiene narices que para un día en que las temperaturas llegan a los 30 grados, en la tele ya empiecen a hablar del problema de la sequía, y de los pobres ancianos que sufren mucho con el calor. Pero esta gente no ha viajado nunca?
Y por supuesto, ya han vuelto a bajar las temperaturas. La "ola de calor" no ha durado nada. Como decía una amiga mía, "este año el verano ha caído en jueves"

Wednesday, May 25, 2005

 

Por fin

Finally some sun!

Friday, May 20, 2005

 

Manifestación/Demonstration

No merecería la pena hacer una manifestación aquí en Amsterdam, otra en Bruselas, otra en Luxemburgo... en fin, donde haya suficientes españoles, para protestar contra las negociaciones con ETA?

Shouldn't we demonstrate against the Spanish government negotiating with the ETA?

Wednesday, May 18, 2005

 

Puestos a imaginar

Nadie en los medios de comunicación lo ha planteado, pero pensemos por un momento en esta posibilidad: que lo que estamos viviendo hoy en día no sea una confrontación entre Occidente y el Islam que pueda saldarse en tablas, sino una tercera guerra mundial en la que, como ocurrió en 1944, sólo quepa un vencedor.
Partiendo de esta premisa, quién prefieres que gane: Occidente, o el Islam?

Tuesday, May 17, 2005

 

Suspiros de España

En esos días la piscina municipal se convierte en el club privado de aquellos que comparten ese gen de las aves que obliga a despertarse temprano.

En esos días pasear por el parque un domingo por la mañana te transporta a un mundo deshabitado e irreal.

En esos días el pueblo late a ritmo lento de calor veraniego, y cada pulsación trae silencio matutino y bullicio nocturno. Son las fiestas en honor de nuestro patrón, San Bartolomé.

Yo, como tantos otros emigrantes, procuro acudir a esa cita anual, contribuyendo a la repentina multiplicación de la población local. Debe de ser un impulso atávico, que me lleva a disfrutar más con las humildes actividades de mi propia tribu. El concurso de pasodobles en la Plaza del Ayuntamiento, las tómbolas junto a la Casa de la Cultura, las actuaciones venidas de cerca o lejos, las risas de los niños que montan en el tiovivo, las verbenas de cada barrio… son todos recuerdos que quiero revivir cada año mientras pueda.

Cada nueva generación de jóvenes se emociona ante la posibilidad de ser elegida miss, y todos nos congregamos a celebrar esta particular puesta de largo. Los más tradicionales no faltan a la corrida de toros, espectáculo polémico en tierra propia y que, sin embargo, todos los españoles defendemos si un extranjero se atreve a opinar. No faltan tampoco las muestras hípicas, donde las cabellerías locales lucen en todo su esplendor; y los acontecimientos deportivos, en los que un clamor unísono anima sin cesar a nuestros atletas. Y para los que somos algo menos activos, y amantes de la buena mesa, es cita obligada el concurso gastronómico, del que siempre salgo pensando que tengo que aprender a cocinar más platos extremeños.

De todas las actividades que se organizan en esas fechas, quizá mi favorita sea el Festival de los Pueblos del Mundo. Estrictamente hablando, no forma parte de los festejos feriales en sí, pero viene a coincidir por la misma época, y para mí ambos acontecimientos están unidos en el corazón. Creo que fueron en parte estos festivales, las actuaciones de grupos folklóricos o coros de otros países, los que me fueron formando hasta convertirme en lo que soy. Siempre me sentí orgullosa del calor humano con que se recibe aquí a los grupos de otras tierras. Somos un pueblo extremeño con carácter internacional, pensaba yo. Y poco a poco me fue invadiendo el gusanillo de acercar en mi persona ambos mundos.

Pasan los años, y sigo ilusionándome ante la idea de volver a mi pueblo en agosto, y me pregunto qué países participarán este año en las actuaciones, y qué atracciones vendrán a la feria. Y si algún año no puedo acudir, el 24 de agosto está mi mente allí, con mi gente.

Thursday, May 12, 2005

 

La historia de Gusanito, Abuela y Andrew el Mozo

Érase que se era un gusanito que vivía en casa de Abuela y se llamaba Gusanito. Gusanito comía hojas de morera, que son muy verdes y están fresquitas. Abuela se las buscaba en el árbol al lado de los columpios, y Gusanito se las comía con muchas ganas y hacía ñam-ñam-ñam-ñam mientras las saboreaba.

Un día Abuela estaba muy ocupada y no pudo bajar a coger más hojas, y Gusanito daba vueltas y vueltas en su caja sin saber qué hacer. “A dónde habrá ido Abuela?”, se preguntaba Gusanito. “Y qué voy a comer hoy, si ya no me quedan hojas de morera?”. En esto que pasó Andrew, que era un niño muy bueno y que le gustaba mucho andar-andar, y que también sabía soplar porque era muy mozo. Andrew también tenía hambre, porque ya era hora del puré. Gusanito miró a Andrew y le preguntó: “Andrew, Andrew, dónde está Abuela?”. Y Andrew contestó: “Abuela está en la cocina. Está muy ocupada y no se acuerda de darme el puré.”. Entonces Gusanito replicó: “A mí tampoco me ha dado hojas de morera hoy. Qué hacemos?”. Andrew pensó que soplando Abuela vendría, así es que empezó a soplar con mucha fuerza: “Fffffffffffffffff”. Pero Abuela no acudió. Entonces Andrew probó a llamarla gritando, y decía: “Atataaaaaaa!!!!”. Pero Abuela no acudió. Por fin Andrew decidió ir hasta la cocina. Como él ya era muy mozo, empezó a andar-andar y él solito llegó hasta al lado de Abuela, y cuando estaba allí al lado, le dio un susto: “Ah!”. Abuela miró hacia abajo y vio a Andrew, que estaba sin comer puré. Y enseguida se puso a prepararle el puré y Andrew comió mucho puré de brócoli, y luego se tomó un petit-filou de plátano. Y cuando ya estaba acabando, se acordó de Gusanito, y le dijo a Abuela: “Atataaaaaaa!!!!”, que quería decir: “Abuela, que también le tienes que dar de comer a Gusanito!”. Y Abuela le contestó: “Ahora, pero primero tenemos que hacer la caca”. Y como Andrew era tan mozo, hizo la caca enseguida y luego se durmió la siesta. Mientras Andrew dormía la siesta, Abuela bajó al árbol al lado de los columpios, cogió hojas de morera, y se las dio a Gusanito para que comiera. Y Gusanito comió, comió y comió. Tanto comió, que engordó mucho, y decidió echarse a dormir un rato para hacer mejor la digestión. Y como hacía un poco de fresco, primero hizo un capullo para arroparse.

Gusanito durmió durante varios días, y ni Abuela ni Andrew conseguían despertarle. Pero por fin un día, cuando Abuela y Andrew estaban mirando, el capullo empezó a moverse, y hete aquí que en vez de salir Gusanito, salió una mariposa!

“Tú quién eres”, preguntó Andrew. Y la mariposa contestó “Soy yo, Gusanito, pero ahora me llamo Mariposa. Me voy a volar un rato!”. Y Mariposa se fue volando a buscar flores. Y todas las tardes volvía para contarle a su amigo Andrew las aventuras del día.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Monday, May 09, 2005

 

Declaración de la renta

Como cada año, una vez más llega el momento de rendir cuentas al Estado. Es preciso mirar atrás y hacer una lista de los gastos e ingresos que has tenido.

Yo, en este año pasado, he vivido cambios importantes que, por supuesto, van a influir en el saldo final. En febrero de 2004 mi humana y yo nos mudamos a un piso nuevo. El dueño anterior era un perro con su humana, así es que he tenido que trabajar duro para asegurarme de que cada rincón de la casa estuviera bien impregnado con mi olor. Además, el piso estaba en unas condiciones lamentables: lleno de gamusinos por todos lados. Me he pasado muchas noches en vela al acecho de estos animalillos invisibles, cazando cuantos podía. Una noche vi que había muchos reunidos en lo alto de una maceta, y me avalancé sobre ellos. La maceta no aguantó el peso, y acabamos todos por el suelo, incluyendo la maceta, la tierra y la planta. Qué susto me pegué! Y mi humana tampoco se puso muy contenta. Desde entonces, no me he vuelto a acercar a esa maceta, por si las moscas. En cualquier caso, ya puede decirse que la población de gamusinos está reducida a un tamaño manejable, y con una cacería de vez en cuando los mantengo bajo control.

Otro gran esfuerzo me ha supuesto acostumbrarme al nuevo entorno. Con lo que me gustaba a mí salir al césped y beber agua del canal, ahora resulta que vivimos en un primer piso, y para llegar a la zona verde, primero tengo que ir por un pasillo y bajar unas escaleras. Todo ello es zona común, y está llena de olores y ruidos extraños, y seguro que también de peligros. Total, que aunque mi humana se empeña en sacarme al pasillo para que le vaya cogiendo confianza, yo no estoy dispuesto a arriesgar mi pequeño pellejo, y prefiero pasar sin césped.

A la hora de hacer las cuentas, no hay que olvidar los gastos del veterinario. Siendo yo un gato muy responsable, como de todo y hago ejercicio con regularidad, y así me mantengo en plena forma. Afortunadamente, pues, no he tenido ninguna enfermedad, y sólo tuve que ir una vez a la clínica para que me pusieran mi vacuna anual. La veterinaria me vio tan guapo, que me empezó a adular y a decirle a mi humana el tipazo que tengo. Menos mal que soy humilde y no se me suben esas cosas a la cabeza. Sí que comentó que tengo un poquito de sarro en los dientes, pero si se cree que le voy a dejar a mi humana cepillármelos, está muy equivocada.

En el verano, estuve en casa de una chica italiana, muy maja, y aprendí un poco del idioma. Y en Navidad he estado en una pensión con un grupo de amigos. No era ningún hotel de cinco estrellas, y eché mucho de menos mi casita y mis mimitos.

En general, creo que he contribuido mucho a la sociedad, trabajando activamente en el control de gamusinos, y manteniendo a una humana sana y feliz. Por otro lado, no he hecho gastos sustanciales al Estado, por lo que creo que me devolverán bastante este año. Y espero que en vez de dinero, la devolución me la hagan en pollo. Unas alitas, una pechuga... tampoco pido tanto!

Wednesday, May 04, 2005

 

Tribus

Antes de que consideremos si formar parte de un grupo es bueno o malo, conviene comenzar admitiendo que es una característica humana de la que no podemos escapar. De igual manera que las hormigas o las abejas, el ser humano no se entiende si no es como parte de una sociedad. Una persona que ha crecido y vivido aislada, casi no es persona, puesto que lo que nos define como humanos es la interacción entre nosotros: el habla, el sentimiento moral, el desarrollo de una cultura. Incluso si miramos lo que físicamente puede hacer un solo hombre, a poco más llega que sobrevivir malamente.

El vivir en sociedad es, pues, parte de nuestra condición. Gracias a ella, no necesito preocuparme por recolectar frutos y cazar para comer, o plantar lino y tejer para vestirme. Con este sistema tan etéreo y práctico como es el dinero, cada uno se dedica a lo que mejor se le da, y recibe a cambio el resto de productos o servicios que requiere. En el fondo, no es más que una forma de trueque muy evolucionada. Gracias a la sociedad, conocemos el sentido de la cooperación, logrando metas que jamás se habrían alcanzado por separado. La enseñanza, parte fundamental de crecer dentro de un grupo, nos evita tener que descubrir el fuego o inventar la rueda a cada generación, de tal manera que la humanidad en su conjunto puede ir avanzando y logrando nuevos conocimientos. Es tan connatural con nosotros, que el vivir en sociedad nos proporciona placer por el puro hecho de existir: el placer de la crítica en común, el placer del cotilleo, el placer de la fiesta.

Por qué, a pesar de tantas bondades, tiene la palabra “tribu” unas connotaciones tan negativas? La respuesta creo que está en el antiguo dicho de que “en el término medio está la virtud”. Cuando el sentimiento de grupo se exacerba, entonces nos encontramos con un ambiente tribal: mi grupo como oposición al tuyo. Mi grupo es mejor, o tiene poder sobre el tuyo, o incluso tu grupo debería desaparecer. No estoy exagerando. Ya pasó en la Alemania nazi. La tranquilidad que les ofreció a los alemanes el saberse parte de un grupo la lograron mediante la definición de su raza por contraposición con los judíos. Pero no hay que irse tan lejos. Acaso no suenan naturales las frases “En España se vive mejor” o “Las fiestas de mi pueblo sí que son buenas”?. Por no hablar del racismo que se nos cuela aquí y allá, en las cuestiones más nimias. O de los nacionalismos, que progresan a medida que aumenta la alienación entre comunidades vecinas.

Aún cuando la pertenencia a un grupo no conlleva el odio (o menosprecio) a otros, todavía existe otro peligro. Para que nos entendamos, voy a llamarlo simplemente borreguismo. Cuando la conciencia y opinión propias quedan aniquiladas en aras de la consideración del resto. El ejemplo que suele darse es el de los grupos de adolescentes: cuando todos los amigos llevan la misma marca de zapatillas, o escuchan exactamente la misma música. Es un fenómeno estudiado y admitido como parte del desarrollo de la personalidad. Qué pena, sin embargo, cuando el borreguismo ataca (o permanece) en los adultos. Y lo veo muy frecuentemente, sobre todo en lo relacionado con lo “progre”. Ese concepto tan difícil de definir hace que la gente apoye posturas que no comprende o incluso no comparte. Pero todo se dice y se afirma con tal de quedar bien. Todos tenemos en nuestras cabecitas una imagen más o menos definida de lo que los demás esperan de nosotros. Ya es malo de por sí que parte de esa expectativa (real o imaginada) sea una determinada opinión en tal o cual materia. Pero si encima cedemos a esa expectativa y decimos sólo lo que creemos que se espera de nosotros, estamos prefiriendo la conciencia colectiva a la nuestra propia. De esa manera, desvirtuamos el grupo, pues dejamos de aportar nuestra visión particular. Más grave aún: si todos los individuos de un grupo reaccionan de la misma manera, los líderes propagandísticos no tendrán ninguna dificultad en difundir una idea en concreto, pues les bastará hacer creer a los ciudadanos que “todo el mundo” opina así. Acaso no funcionan así las consabidas encuestas, de las que nunca nos dicen cómo y entre qué grupos se han realizado? Primero se publica en varios medios de comunicación que el 90% de los encuestados considera el hurto como algo normal, hacen creer a la población que para ser un buen miembro del grupo, debes opinar lo mismo. Lo que no cuentan es que la encuesta se realizó entre detenidos por la policía...

Tuesday, May 03, 2005

 

Bitácoras

Hace tiempo escribí sobre el oligopolio de las agencias de prensa. Me preocupaba por aquella época la muy real posibilidad de que toda la información que recibo de los medios de comunicación estuviera sesgada, cortada o incluso inventada.

Desde entonces, mis temores se han visto plenamente justificados: se ha pillado a unos cuantos corresponsales de guerra que no se dignaban pisar el país sobre el que escribían; la inexactitud de las noticias llamadas “científicas” brilla por su ausencia; y cadenas de televisión y radio supuestamente respetables han llegado a inventarse informes con tal de apoyar un particular punto de vista, como los documentos falsificados sobre supuestas irregularidades en el servicio militar de Bush presentados por la CBS americana y, sin necesidad de atravesar el charco, podemos recordar que todavía no han aparecido los cadáveres de los supuestos terroristas suicidas de cuya inventada existencia se nos informó en marzo...

Sin embargo, no sólo no me desanimo, sino que me siento llena de esperanza ante el panorama informativo de hoy en día. Por qué? Por las bitácoras. Un fenómeno no tan reciente en Internet, pero que cobra fuerza día tras día. Por la propia libertad del sistema de la red, cualquier persona puede publicar lo que quiera, ya sea verdadero o falso. Esto obliga a que quien quiera ser leído con mediano respeto, tiene que cuidarse muy mucho de no decir nada que no sea cierto. Así han ido surgiendo páginas informativas en Internet cuyos autores se preocupan por hacer lo que los periodistas digamos tradicionales parecen olvidar con demasiada frecuencia: comprobar las fuentes. No basta con que un pseudo-científico diga que se acaba el mundo el próximo mes para justificar un titular en primera página. Hay primero que averiguar qué credibilidad tiene ese señor, qué ha publicado anteriormente, si se le puede considerar objetivo, si se le puede considerar experto en el tema en cuestión, qué opinan otros expertos del ramo, qué datos comprobados ofrecen las fuentes oficiales... Por lo visto, todo eso parece trabajo demasiado duro para los periodistas de pura casta. Pero para los aficionados que escriben sin paga, por el orgullo y el honor de decir la verdad, todo eso y más es parte de su labor. Así, son estas bitácoras en Internet las que están echando a bajo bulo tras bulo publicado en periódicos tradicionales. Si quieres que te lean, tienes que decir la verdad y tienes además que estar preparado para demostrarla.

Sin ánimo de hacer aquí ningún tipo de predicción, pienso que quizás estemos viendo los inicios de una mini-revolución, en la que los medios de comunicación tradicionales tendrán que adaptarse o morir. O cambian sus métodos y su ética, o cada vez más gente optará por ignorarlos a la hora de informarse. Yo, por lo pronto, me inclino más y más por esta opción...

Amelia González Gil


P.S. Para los que estén interesados, recomiendo esta página: http://www.malaprensa.com/

Monday, May 02, 2005

 

En la fiesta de Todos los Santos.... Brujas!

Amsterdam, 3 de noviembre de 2004
Los sajones celebran el 31 de octubre, víspera de Todos los Santos, con el nombre de Halloween. Antiguamente se pensaba que en esa noche, los muertos salían al mundo de los vivos y podían llevarte con ellos. Como medida de precaución, los vivos se disfrazaban, para que los fantasmas creyeran que eran de los suyos y los dejaran en paz. Así comenzó la tradición de disfrazarse de fantasma, zombie, etc. De ahí, se pasó a disfrazarse de algo horrendo en general: vampiros, brujas, monstruos... Y actualmente, no pasa de ser un baile de disfraces donde cualquier atuendo vale.

Todas estas divagaciones vienen a cuento porque fue precisamente en el puente de los Santos cuando visité la ciudad belga que lleva por nombre “Brujas”. Curiosa traducción que nuestros antepasados eligieron para el flamenco “Brugge”. No tiene nada de tétrico ni fantasmagórico esta ciudad. Al contrario, sus calles están llenas de encanto. Y hoy en día, también de turistas!

Es una ciudad bastante pequeña, que fácilmente se recorre a pie en un sólo día. Visitar todos sus museos e iglesias, sin embargo, requeriría bastante más tiempo que un fin de semana. Mires a donde mires, siempre aparece a la vista alguna torre, anuncio de una iglesia aún por visitar. La plaza principal (Grote Markt) es seguramente el punto más conocido de Brujas, pero sus típicas casas, con las fachadas escalonadas, se encuentran no sólo allí, sino esparcidas por todas las callecitas del centro. Como muchas ciudades de Flandes y los Países Bajos, Brujas también cuenta con canales, y de hecho, por esta razón y en general por su aire romántico, se la conoce como la Venecia del Norte. Aunque personalmente, yo le aplicaría ese nombre más bien a Amsterdam, que realmente parece entrecruzada por el agua.

Hubo tres visitas que me gustaron especialmente: la primera, la subida a la torre que rige la plaza principal: la Atalaya (Beffri). Más de 300 peldaños de escalada, pero merece la pena el esfuerzo. Desde lo alto se disfruta de una preciosa vista de toda la ciudad, acompañada por las campanas e incluso un concierto de carillón!

La segunda, la Basílica de la Santa Sangre. Escondida al fin de unas escaleras, con la entrada al lado del ayuntamiento, se encuentra esta pequeña iglesia llena de tesoros artísticos y espirituales. Resulta difícil describir su interior, pues las esculturas compiten con las vidrieras en esplendor. Lo más impresionante, para mí, fue una imagen de Cristo, en plata, tras la cual se guarda una reliquia de Su Santa Sangre. Llegando como yo llegaba, ajena por completo a lo que esta basílica alojaba, me resultó una experiencia estremecedora y profunda.

Finalmente, y para aligerar los ánimos, disfruté de un museo muy especial: el museo del chocolate. La visita comienza muy bien: con una pastillita de chocolate. Luego vas recorriendo sala tras sala, en la que se explica cronológicamente la historia del chocolate: desde el uso del cacao por parte de los aztecas como moneda (gracias a los escritos que dejaron grabados en piedra, se sabe, por ejemplo, que una liebre costaba 5 semillas de cacao), pasando por su introducción como bebida en Europa, hasta la invención del chocolate en barra tal y como se conoce hoy. Sin olvidar, por supuesto, el desarrollo de los famosísimos bombones belgas. El recorrido culmina con una demostración de cómo se hacen los bombones rellenos. Y por supuesto, una pequeña degustación de los mismos, lo mejor de la visita!

Pero Bégica es famosa no sólo por los bombones. También tiene muy buenas cervezas. Me faltó catar unas cuantas, aunque sí le eché un buen ojo a un par de tiendas especializadas en esta bebida. No olvidé, sin embargo, probar una especialidad culinaria: un estofado flamenco, según decía el menú. A mí me supo bastante familiar, como español. Me pregunto si a lo mejor nos copiaron la receta en tiempos de Felipe II....

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