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Thursday, April 21, 2005

 

Reparación de una humana

Carta de Misino desde Amsterdam. 30 de enero de 2004
Qué susto he estado pasando estos días. Mi humana se estropeó y no sabía cómo arreglarla. Ocurrió de repente, una noche. Se despertó y estaba bastante activa. Yo me alegré mucho. Normalmente no hay quien haga vida de ella por las noches, y me llego a aburrir. Acabo tumbándome a su lado para aprovechar el calorcito y echarme una o dos (o tres o cuatro) siestas entre paseo y paseo por el ventanal.

Como iba contando, me ilusionó mucho pensar que quizás pudiera disfrutar de su compañía en plena madrugada, y me puse juguetón y alegre. La noté algo más caliente de lo normal, pero no presté mucha atención a ese detalle. Más me extrañó el ver que se ponía un trapo húmedo en la frente. Pensé que fuera una nueva forma de darme de beber, y me acerqué para aprovecharla, aunque no resultó muy cómodo, teniendo que hacer equilibrios sobre su cuerpo en movimiento mientras intentaba lamer el trapo. Al fin me di por vencido y me resigné a tumbarme a su lado una vez más.

Sin embargo, lo peor estaba aún por llegar. Durante tres días no salió de casa, lo cual habría estado muy bien porque la tenía siempre a mano. Pero en lugar de dedicarse a jugar conmigo, peinarme y atenderme como es su obligación, sólo se levantaba del sofá para ir a la cama y viceversa. Lo del trapo en la frente se convirtió en habitual, aunque yo dejé de intentar beber de él, habiendo visto que no era muy eficaz y que a ella parecía desagradarle. En ningún momento sacó el ratón de juguete para hacerlo moverse y que yo lo cazara. No regó las plantas para que yo pudiera beber de la regadera. E incluso... olvidó de darme de comer por las mañanas!!! Yo la tengo muy bien entrenada para que me eche de comer todas las mañanas y todas las noches. Pero durante esos tres días, sólo me cambió el comedero por las noches. Por no mencionar el estado en que tuvo mi caja de arena. Una verdadera vergüenza! A todo esto, ella seguía teniendo una temperatura más alta de lo habitual. Habría sido estupendo tumbarse al lado de un foco de calor tan bueno. Pero me molestó tanto su falta de atención hacia mí, que decidí ignorarla por completo, y durante esos tres días no me acerqué a ella.

Lo que sí hice fue fijarme mucho para descubrir la causa del problema. Y la encontré: estaba utilizando un aparato que ella no usa nunca, y seguramente ese artilugio era el que la estaba estropeando. Ella lo llamaba “termómetro”. De vez en cuando se lo ponía un rato en la axila, luego lo sacaba, lo miraba, suspiraba, y se ponía otro paño de agua fría en la frente. Así estuvo durante tres días. Si hubiera podido hablar en humano, le habría dicho que dejara de ponérselo. Acaso no se daba cuenta de que la estaba viniendo mal? Pero a falta de comunicación hablada, siempre quedan las miradas. Así es que en cuanto podía, yo miraba el termómetro con muy malos ojos, a ver si ella se daba cuenta y lo tiraba de una vez.

Tardó tres días, pero por fin empezó a dejar de usar el termómetro poco a poco, y simultáneamente empecé a notar que se movía algo más por la casa, empezó a cuidarme un poco mejor, e incluso le empezó a bajar la temperatura, hasta que finalmente volvió a estar normal. Un par de días más tarde llegó a guardar el termómetro, y espero que no vuelva a sacarlo nunca. Me costó mucho encontrar esta humana, y no quiero que se me rompa nunca más!

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