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Monday, April 25, 2005

 

Que estás haciendo un curso de qué?

Amsterdam, 7 de abril de 2004
Con el auge que tienen hoy en día todas las artes milenarias del antiguo oriente, yo no podía hacer menos que apuntarme a un curso de shiatsu y do-in. En dieciseis horas de clase, repartidas en ocho semanas, aprendimos a estirarnos, doblarnos, concentrarnos en la respiración y, lo más divertido, dar masajes. También nos dieron bastante teoría sobre los meridianos de energía, el yin y el yang... pero he de reconocer que entre la dificultad del idioma, la dificultad del concepto y mi propia falta de interés, pues no llegué a aprender mucho.

Las clases eran de dos horas. En la primera hora, practicábamos do-in. El do-in es una especie de gimnasia japonesa, mezcla de ejercicios de estiramiento, de concentración, de relajación y de automasaje. Es muy bonito de ver, pero muy doloroso de practicar. Creo que las personas que hacen yoga habitualmente estarán ya acostumbradas a mantener posiciones difíciles durante más de diez minutos, pero para mí, mantener los brazos estirados hacia atrás mientras tienes la espalda doblada hacia delante y las piernas tensas... pues me producía bastante disconfort. He de admitir, no obstante, que estos ejercicios sí han aumentado mi flexibilidad y sensación de “salud”, por así decirlo.

La segunda hora era la más entretenida, y es cuando nos dedicábamos a dar masajes de shiatsu. El shiatsu se basa en los mismos principios que la acupuntura: se supone que el cuerpo humano tiene flujos de energía que discurren por unos meridianos en concreto. Cualquier alteración u obstaculización de estos flujos se traducirá en algún problema físico, ya sea simple dolor o una enfermedad completa. Así como la acupuntura trata de recanalizar la energía y disolver los atascos de ésta mediante pinchazos en diversos puntos estratégicos, el shiatsu pretende lograr el mismo resultado mediante la presión ejercida con las manos (y a veces con los pies). Y cuando digo presión, no es en sentido figurativo. La persona que da el masaje se arrodilla al lado del sujeto en cuestión, y el masaje se da apoyando todo el peso del cuerpo en las manos. Por supuesto, las muñecas se fortalecen mucho con este ejercicio. Hasta ahora nunca había apoyado todo mi peso en las manos, y los primeros días me resentía del esfuerzo. Para el que recibe el masaje, es también toda una experiencia. No es habitual que alguien te aplaste la espalda contra el suelo, por ejemplo.

Una de las clases más espectaculares fue cuando aprendimos a masajear las piernas con los pies. Cómo se logra esto? Muy sencillo: el sujeto se tumba boca arriba, y tú te pones de pie sobre sus espinillas, si te atreves y tu sentido del equilibrio lo permite. Se da la circunstancia de que, para aprender estas cosas, practicamos por parejas. Y mi compañera de estudios es una holandesa de pura cepa, más alta y más grande que yo (y mucho más rubia, aunque eso no viene al caso). No quiero ni imaginarme los kilos que pesa la chica, pero desde luego eran demasiados para mis pobres espinillitas. Qué sufrimiento!

Como comentaba al principio, lo que no he conseguido aprender es toda la teoría subyacente a estas prácticas. La profesora nos contó la diferencia entre el yin (la fuerza masculina) y el yang (la fuerza femenina), por dónde pasaban los meridianos, y de dónde a dónde iban. Que cada meridiano tiene un nombre, y afecta a una función corporal en concreto. Y además, que cada miembro del cuerpo tiene una parte yin y una parte yang. Tengo que reconocer que para mi limitada mente occidental, todo eso era demasiado. Sobre todo cuando nos explicó que a una embarazada no conviene masajearle entre el dedo gordo y el índice de la mano, porque le puedes provocar un aborto.

En cualquier caso, ha sido una buena experiencia. Ahora sólo me falta encontrar conejillos de india en los que practicar mi nueva sabiduría.

Comments:
Casi siempre me haces sonreir con tus comentarios sencillos sobre las cosas más serias, como pra quitarles importancia, pero ello no resta sabiduría y placer al leerte.
Gracias por estos ratos .
 
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