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Wednesday, April 27, 2005

 

Nos hemos mudado

Desde Amsterdam, Misino
Después de dos años y pico de relación estable, mi humana y yo decidimos dar el gran paso y comprar un pisito. Ella fue la que visitó los diversos pisos en venta, habló con el notario, arregló los papeles de la hipoteca... Pero yo la animé y apoyé en todo momento, y la casa puede decirse que es de los dos.

Es un piso algo más grande que el anterior, con mucho más espacio para correr. Ya no tengo césped y un canal enfrente, así es que ya no puedo vigilar a los patos, lo cual lamento enormemente. A cambio, además del ventanal que da a la calle, hay otra gran ventana en la parte trasera del piso, con vistas a la galería, y desde donde puedo vigilar la puerta que da a nuestra planta. Mi humana me pregunta si llevo un diario con las entradas y salidas de todos los vecinos, pero no es así: no necesito apuntar nada, porque lo guardo todo en la memoria.

La gran ventaja de este nuevo sitio es que he ligado con una vecina. Es una gatita tricolor. Se pasó un día por nuestra terraza. Yo estaba dentro, mirando por el ventanal como es mi costumbre. De repente, grácil y sigilosa, apareció ella. Venía de una terraza vecina. Todavía no he conseguido averiguar en qué casa vive. Tenemos un pequeño problema en cuanto a las visitas se refiere. Las veces que mi humana ha intentado abrir la puerta de la terraza cuando estaba allí mi novia, la gatita se asustaba y se iba. Y yo tampoco quiero salir porque soy muy prudente. Así es que toda mi comunicación con la gata de mis amores es a través de un cristal. Cual Romeo y Julieta gatunos, jugamos y nos damos mutua compañía por el balcón. Bueno, yo juego mucho: doy con mis patitas en el cristal, me echo carreras, maúllo.... Ella en cambio se limita a adorarme. Se sienta enfrente de mí, y me mira fijamente. Viene casi todos los días, a veces varias veces! Y algunas noches, si me siento algo solo, lloro a todo pulmón para que venga a consolarme. Mi humana la llama Panfi, porque dice que no se mueve ni hace nada. Mi humana también me dice que no chille tanto por las noches, porque ella se ha acostumbrado, pero teme que otros vecinos humanos (incluso el propio humano de Panfi) se molesten.
Como es natural, ya no podemos salir mi humana y yo de paseo por el césped. A cambio, me saca por la galería. Sé que ella aspira a que me atreva a bajar las escaleras para ir a la calle (y al césped que también hay abajo), pero yo sigo fiel a mis costumbres de precaución máxima, y hasta que no tenga bien olfateada la galería, no exploraré más allá. Es que todavía me resulta todo muy nuevo. El otro día, por poner un ejemplo, estábamos de paseo por la galería pero yo ya estaba algo cansado y quise volver a casa. Como siempre, llegué a la esterilla y me paré, esperando que mi humana abriera la puerta. Pero no lo hizo. Me puse algo nervioso y empecé a dar vueltas por la esterilla, mientras mi humana se empeñaba en que nos fuéramos de allí. Al fin se abrió la puerta y salió otra humana que no conocíamos. Yo no hice caso de la intrusa e intenté entrar en el piso, pero mi humana no me dejó. Al final resultó que ésa no era nuestra casa, aunque la esterilla olía igual que la nuestra. Qué despiste tan tonto!

Los más avispados lectores observarán, por mi manera de escribir, que la comunicación entre mi humana y yo es cada día más fluida. Nos entendemos a la perfección, y empiezo a sentir que es parte de mi familia. Hay veces en que, estando yo medio dormido con su mano como manta tapándome la tripita, me siento igual que cuando estaba con mi mamá. Quizás sea por eso por lo que me siento ahora más liberado a la hora de expresar mis deseos. No sólo maúllo para que venga mi novia. También maúllo a mi humana cuando quiero que me abra el grifo, o que me suba a lo alto del armario, o que me baje una mosca que hay en la pared... o en general, cuando quiero que me atienda y me dé mimos. He tardado un par de años, pero por fin he descubierto el poder de mi voz!

Misino, desde Amsterdam

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