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Thursday, April 14, 2005

 

Mis vacaciones (por Misino)

Acabo de volver de mis vacaciones. He pasado dos semanas en casa de mi amigo Mio. Mio es hijo de una gata persa y un gato siamés. Él parece más bien un gato birmano, pero en el carácter sale a su padre claramente. Es muy activo, no para de jugar y dar saltos, y le gusta investigarlo todo en detalle. Incluso cuando hay un peligro obvio, como por ejemplo si alguien pasa la aspiradora (es de sobra sabido que las aspiradoras tragan gatos), allí está él, mirando de cerca la operación. En fin, debería ser más indulgente con él. A fin de cuentas, sólo tiene un año, y le queda mucho que aprender.

El caso es que han sido unas buenas vacaciones, aunque algo imprevistas. Mi humana no volvió del trabajo un viernes, y al día siguiente entraron en casa unos humanos amigos de ella (lo sé porque habían venido a cenar anteriormente a casa), me metieron en la jaula, y se me llevaron! Al principio pensé que me habían secuestrado. No sabía qué hacer. Quería avisar a mi humana, para que me rescatara, pero cómo? Me llevaron a una gran casa, de dos pisos, y una vez allí, corrí a esconderme debajo de un sofá, para poder pensar tranquilo y analizar la situación. Durante dos días no me moví de allí, salvo por la noche, en que me escabullía hasta el comedero para reponer fuerzas. En esos dos días empecé a descubrir que mis secuestradores no tenían intenciones de matarme: el comedero siempre estaba lleno, también tenían agua a mi disposición, e incluso venían a hablarme para que me tranquilizara.

Estando yo reflexionando bajo el sofá, hete aquí que apareció Mio. Yo ya le conocía porque había pasado conmigo un par de semanas en mi casa. Lo primero que pensé es que me hallaba en manos de una mafia dedicada al secuestro de gatos al por mayor. Pero Mio me aseguró que aquellos eran sus humanos, que siempre le habían tratado bien, y que no debía preocuparme. Entonces empecé a relajarme, y al poco ya estaba jugando con él por toda la casa. Nuestro juego favorito es la lucha libre: el objetivo es derribar al contrario mediante mordiscos en el cuello, llaves y cualquier otro truco que se nos ocurra. Casi siempre gano yo, aunque esté mal decirlo. Y mira que él es algo más corpulento, pero claro, la experiencia cuenta mucho, y yo ya tengo más de cuatro añitos en mi haber.

Tan bien me lo pasé en esas dos semanas, que casi no pensé en mi humana. Sólo cuando me devolvieron a mi casa caí en la cuenta de que la pobre debía de estar muerta de angustia, preocupada por mí. Ella llegó al día siguiente. Ha debido de pasar las dos semanas buscándome bajo el sol, porque ha vuelto bastante morena. Para compensarla por mi ausencia, ahora procuro restregarme mucho contra ella. Así la vuelvo a impregnar de mi olor, que es fundamental para mantener la familia unida. Es una lástima que no me llevara la cámara de fotos conmigo, porque podría enseñarla los mejores momentos: yo y Mio jugando, yo bebiendo del lavabo de la otra casa, yo escondido bajo el sofá, yo durmiendo a los pies de los otros humanos... Bueno, ésta última no, que a lo mejor le molestaba.

Antes de irme, Mio y yo prometimos volver a visitarnos en cuanto tengamos ocasión. Yo, por lo pronto, seguiré entrenándome todos los días con carreras y saltos, para seguir ganándole siempre!

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