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Thursday, April 28, 2005

 

En ca’ los agüelos

Desde Bishop´s Tachbrook, Andrew Olafsson
Este verano he pasado dos semanas en casa de mis abuelos. Viven en un apartamento en un pueblo que se llama Valencia de Alcántara. Mi mamá me ha estado hablando de ese sitio todo el año, para que me acordara. Según ella, estuvimos allí también el verano anterior y en Navidades. Pero de verdad que por mucho que me esfuerce, yo no consigo acordarme.

En cualquier caso, a mí Valencia de Alcántara me ha encantado. Qué lugar tan soleado, tan alegre, tan acogedor. Las casas encaladas, las calles adornadas de naranjos... Todo precioso. Pero lo mejor es el ambiente. En mi pueblo, Bishop’s Tachbrook, cuando sales de paseo no ves a casi nadie. En cambio Valencia está siempre llena de gente. Y lo que es más, mucha gente se para a hablar con mis abuelos y decirme lo guapo que soy. A mí eso me encanta, claro. Pero incluso aunque no me dijeran nada, el hecho de pasear entre el mundillo me hace sentirme importante.

Además de mucha gente, también he visto allí muchos animales. Me gustaba pasar todas las tardes por la Calleja del Zorro, donde podía ver perdices, palomas y unos cuantos perros. A todos ellos les saludaba, e incluso aprendí a hacer el sonido de los perros y de las palomas, aunque todavía no sé hablar. También vi unas cuantas ovejas, yendo de camino al Tabú, y también aprendí a decir “beeeeee”. Ha sido realmente una visita muy instructiva.

Lo mejor de Valencia ha sido la piscina y la feria. A la piscina íbamos casi todas las mañanas. A mí nadar no me gusta mucho, ni siquiera aunque mi abuela me lleve bien agarrado, porque el agua está demasiado fría. Pero sentarme en el bordillo y chapotear, eso sí que es diversión! Si veía a algún otro niño más mayor que yo tirándose o gritando, yo también me ponía en plan gallito. Soy pequeño, pero no por eso voy a achicarme, eh? Después de estar en el agua, me llevaba a mi abuela o a mi tía a pasear por el césped del recinto, porque me gusta mucho andar. Creo que para los próximos Juegos Olímpicos me presentaré a alguna prueba de resistencia, porque puedo caminar durante horas sin cansarme. Por lo menos, mi abuela y mi tía se rinden antes que yo.

A la feria íbamos por las tardes. Qué descubrimiento fue aquello para mí. El primer día, según llegamos, estaba el tíovivo apagado, y aún así, a mí me fascinaron los cochecitos y los caballos, todos con tantos colores... Cuando el aparato se puso a dar vueltas, me impresionó un poco, la verdad, pero enseguida le cogí el gustillo, y desde entonces, acudía con ilusión a montarme. También me encantaron los ponys, aunque me daba bastante pena que tuvieran que trabajar con tanto ruido y tantas luces alrededor. Yo quiero mucho a los animales (por eso me gusta aprender cómo hablan ellos), y el verlos tan sumisos en unas condiciones tan difíciles, me daba mucha ternura. Qué buenos animales eran.

Hablando de ruido, una cosa que no me gustó de los días de feria fue el jaleo de por las noches. A mí mi mamá me tiene dicho que no debo gritar en los lugares públicos, para no molestar a los demás. Entonces, por qué no tiene cuidado la gente en no hacer ruido por la noche, cuando los bebés como yo tenemos que dormir? Durante muchos días consecutivos tuve que sufrir el zum-zum-zum de las casetas hasta bien entrada la mañana, y claro, no conseguía descansar bien. Espero que para otro año sean un poco más cuidadosos, porque seguro que pueden divertirse igual sin molestar. Yo por lo menos ya he aprendido a no gritar tanto, y me lo paso igual de bien.

Ahora que ya estoy de vuelta en mi casita, tengo muchas ganas de volver a ver a mis abuelos y a mi tía. Y de volver a Valencia de Alcántara!

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