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Monday, April 18, 2005

 

Comida multilingüe

Amsterdam, 22 de octubre de 2003
Se dice que en Amsterdam hay restaurantes de todos los países del mundo. Seguramente es una exageración, pero un vistazo a las páginas amarillas resulta bastante impresionante. De hecho, la sección de restaurantes está dividida en dos partes: una lista todos los establecimientos en orden alfabético; y la otra los divide por tipos de cocina. Así se encuentra fácilmente el restaurante más adaptado al gusto personal: africano, argentino, belga, coreano, chino, egipcio, español, francés, griego, holandés, húngaro, indio, indonesio, israelí, italiano, japonés, libanés, marroquí, mejicano, peruano, persa, polaco, portugués, ruso, suizo, tailandés, turco, vietnamita... y me quedo unos cuantos sin nombrar.

La comida japonesa está, como en otras muchas ciudades europeas, muy de moda. Los locales más modestos ofrecen sólo sushi, que, al contrario de lo que comúnmente se cree, no quiere decir “pescado crudo”. El sushi, de hecho, es un plato basado en el arroz. Cierto es que muchas piezas de sushi contienen pescado crudo, pero otras muchas son vegetarianas, y algunas incluso tienen trozos de tortilla. Lo que realmente es pescado crudo es el sashimi. Una vez pasado el susto psicológico, tanto el sushi como el sashimi son deliciosos. Y no son tan exóticos a fin de cuentas, porque, acaso no se comen en España las navajas, las ostras e incluso las sardinas crudas? En los restaurantes japoneses más caros (y suelen ser muy caros) se pueden degustar otros muchos platos, incluidos muchos de carne. El alto precio está justificado por la especialísima cualificación que requieren sus cocineros. En los buenos restaurantes nipones, los comensales se sientan alrededor de una gran plancha, donde el cocinero va preparando todos los platos. Es un verdadero espectáculo observar el pefecto control que tiene con los palillos, los cuchillos... Y por supuesto, ves de primera mano los ingredientes antes de su preparación, por lo que todo debe estar fresquísimo y en perfecto estado.

Para comer a la moda por un precio más módico, y sin dejar de ser exótico, lo más recomendable es acudir a un restaurante etíope. En la experiencia (o inexperiencia) de comer en tales locales se demuestra si eres realmente moderno o no. Los más al día, los más progres, los más enterados... conocen al menos un buen etíope. Y qué tiene de especial ese tipo de comida? Por un lado, la carne suele estar muy bien guisada, con salsas que no se alejan tanto de la comida española tradicional. Tienen también una buena oferta de guisos vegetarianos (y no olvidemos que mucha gente prefiere no comer carne), fundamentalmente con lentejas. Qué instructivo resulta probar los distintos tipos de lentejas preparados con salsas de tomate, o de curry, o de cilantro... Sin embargo, lo principal de la comida etíope no son los platos en sí, sino la manera de comerlos. Todo se sirve en una gran fuente aplanada, que está cubierta por unas blandas obleas más bien insípidas. Los comensales comen todos de la misma fuente, sin cubiertos, usando las manos con toda naturalidad. En teoría, uno no necesita mancharse los dedos, porque vas agarrando la comida sirviéndote para ello de trozos de oblea. En la práctica, en cambio, invariablemente acabas con salsa en las manos, porque la oblea se va empapando, o se acaba, o simplemente, porque poco a poco relajas la etiqueta... Teniendo en cuenta todo esto, podría pensarse que comer en un restaurante etíope debería ser una experiencia reservada tan sólo a los grupos de buenos amigos, que tengan la suficiente confianza entre ellos. Pero siendo Holanda un país democrático hasta la médula, no es infrecuente ver en estos lugares a un grupo de colegas que celebran una cena empresarial, por aquello del “team-building” (fomentar las relaciones de equipo). Qué mejor manera de relajar las tensiones de la oficina, que viendo a tu jefe chuparse los dedos cual gañán?

Y tras una buena cena, se requiere un buen café. El café etíope es famoso en todo el mundo. Y en estos restaurantes, saben fomentar esta fama. En muchos de ellos, los granos se tuestan in situ, y bastante antes de que llegue la bebida a la mesa, puedes disfrutar de un maravilloso aroma proveniente de la cocina. Sirven el café en jarras de barro tradicionales, y el propio comensal se llena su tacita (pequeña y sin asa), y normalmente repite. En algunos de los etíopes, el café lo sirven acompañado de una barrita de incienso ardiendo, para incrementar el placer aromático de la experiencia.
Con esta oferta, quién se resiste a salir a cenar con los amigos?

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